Figueres, la Gernika de Catalunya

La ciudad catalana fue bombardeada hasta en 18 ocasiones entre 1938 y 1939. Se estima que las bombas asesinaron a más de 300 personas y destruyeron el 26% de los edificios de la localidad, sede de la última sesión de las Cortes republicanas.

ALEJANDRO TORRÚS Madrid 05/04/2013 13:27 Actualizado: 06/04/2013 09:37

Bombardeo de la ciudad de Figueres por parte de aviones Savoia S-79 de la Aviación Legionaria italiana el 23 de enero de 1938. © Ufficio Storico dell’Aeronautica Militare (Roma)

Bombardeo de la ciudad de Figueres por parte de aviones Savoia S-79 de la Aviación Legionaria italiana el 23 de enero de 1938. © Ufficio Storico dell’Aeronautica Militare (Roma)

“En mi vida había visto cosa igual. Montones de gente muerta, cadáveres destrozados, pelos y vestidos colgados de los árboles y cuerpos decapitados. El día siguiente también fue dramático. Los cadáveres se amontonaban en el cementerio para su entierro”. Con estas palabras, el alcalde de Figueres entre noviembre de 1937 y mayo de 1938, Ricard Martín Serra, describió el estado de la ciudad tras el bombardeo sufrido por el bando franquista el 23 de febrero de 1938 con la inestimable ayuda de la Legión Cóndor y la aviación italiana.

“Figueres puede considerarse como la Gernika de Catalunya por su valor simbólico. En la última etapa de la República la ciudad se convirtió en la sede de tres gobiernos: el de la República, el catalán y el vasco. Por aquí debían pasar casi todos los vencidos que huían a Francia. Los bombardeos buscaban asesinar al mayor número de gente y de paso cargarse a 'algún pez gordo'”, explica a Público el historiador Enric Pujol, experto en los bombardeos del bando franquista en Catalunya.

Figueres recibió 18 bombardeos por parte de la aviación franquista, italiana y alemana Lluïsa Pedrosa, vecina de Figueres de 84 años, tenía 9 años en 1936 cuando comenzaron los bombardeos. El primer ataque aéreo del autodenominado bando nacional en Catalunya quedó grabado a fuego en su memoria. Era el 3 de octubre de 1936. Lluïsa, junto al resto de su familia, se había desplazado hasta la localidad costera de Roses para disfrutar, por primera vez en su vida, del mar. Ese mismo día terminó su infancia.

El último día de la infancia de Lluïsa

“Un domingo me dijo la familia que iríamos a Roses a comer paella y ver el mar. Recuerdo que estaba jugando con tres o cuatro amigas cuando de repente se escuchó un ruedo tremendo y un señor que pasó corriendo nos dijo que recogiéramos todo que estaban bombardeando. Ese mismo día perdí las ganas de jugar para siempre”, recuerda Lluïsa para Público. Tiempo después, esta mujer descubriría que aquellas bombas que pusieron un precipitado punto y final a su niñez provenían del crucero Canarias.

La guerra, sin embargo, no había hecho más que empezar. Dos de sus tres hermanos marcharon al frente. Ella se quedó en casa junto a sus padres y su hermano Ramón, de quien no debía “nunca” soltarse de la mano por imperativo de su madre. “Las pocas veces que me dejaban salir a la calle mi madre me iba diciendo: 'Nena, no mires a este lado. Nena, no mires al otro' y yo no miraba. Intuía que era porque habría muertos y que esa imagen nunca saldría de mi memoria”, relata esta mujer, que recuerda como cada vez que oía caer las bombas cogía un palo de madera y lo apretaba fuerte entre los dientes. “Nos habían dicho que de esta manera no reventaríamos por dentro”, asegura.

Los bombardeos sobre Figueres continuaron hasta los días 6,7 y 8 de febrero de 1938. Entonces la localidad ya acogía a decenas de miles de refugiados que atravesaban la ciudad para cruzar la frontera con Francia. Entre ellos se encontraban el presidente de la República Manuel Azaña, el de la Generalitat Lluis Companys, el de Euskadi José Antonio Aguirre y 62 diputados de las Cortes republicanas, quienes el 1 de febrero celebraron en el castillo de la localidad del Alt Empordà la última sesión de las Cortes republicanas. Cuatro días, más tarde, el 5 de febrero de 1939 todos ellos marcharon hacia Francia. Se calcula que alrededor de 500.000 republicanos cruzaron la frontera hacia el país vecino.

"De vencidos estaban las calles llenas. Vencidos, hambrientos y aterrorizados", escribió una superviviente

 En total, la localidad catalana fue víctima de hasta 18 bombardeos entre enero 1938 y febrero de 1939. Todavía a día de hoy resulta imposible cuantificar con exactitud el número de víctimas mortales y heridos. Las últimas estimaciones indican que fallecieron 66 personas en 1938 y alrededor de 250 en 1939. Sin embargo, la cifra exacta es incalculable ya que en la ciudad se alojaban miles de exiliados que huían del avance de las tropas franquistas. Hasta 1943 estuvieron apareciendo cadáveres bajo los escombros de los edificios.

Ese 5 de febrero de 1939 también se encontraba recorriendo el camino hacia el exilio Teresa Jové, una joven de apenas 18 años que en los años 60 puso por escrito el panorama que encontró al llegar a Figueres. “Aquel día, 5 febrero de 1939, comenzaron los bombardeos continuos. De todas las carreteras llegaban las tropas en retirada hacia la frontera. Veíamos pasar camiones llenos de gente. Nosotros cuatro sólo teníamos nuestras piernas. Ya habíamos renunciado a llevar maletas y sólo nos quedaban las mantas, lo más valioso y fácil de transportar”, escribe Jové.

“Envueltos en ellas ya habíamos adoptado la estampa de lo que éramos. Vencidos. Y de vencidos estaban las calles llenas. Hombres, mujeres, niños. Todos vencidos, hambrientos y aterrorizados porque los bombardeos no paraban nunca. A uno sucedió otro y otro y otro”, escribe esta joven.

5.500 muertos en Catalunya por bombardeos

Como Figueres, mas de 140 poblaciones de Catalunya fueron bombardeadas durante la Guerra Civil. Los cálculos oficiales estiman que a causa de las bombas fallecieron alrededor de 5.500 personas sobre todo a consecuencia de las bombas de los 764 bombarderos que dispuso Mussolini para ayudar a Franco. El objetivo era triple: castigar a los republicanos que se marchaban al exilio, conseguir la rendición de Catalunya y paralizar la industria catalana, sobre todo la hidroeléctrica, que surtía al bando republicano.  

Finalmente, el 10 de febrero de 1939 el ejército fascista dio por conquistada Catalunya. Los vencidos, que se contaban por cientos de miles, prosiguieron su camino hacia el exilio. Miles de ellos acabaron siendo internados en campos de concentración improvisados, en unas condiciones muy deplorables. En Catalunya, el tiempo de los bombardeos fue sustituida por el de la represión. Entre 1939 y 1953 fueron fusiladas 3.585 personas a partir de fraudulentos consejos de guerra y 14.500 presos políticos permanecían en cárceles catalanas en 1942.

Más de 75 años después de los bombardeos, el Memorial Democrático de Catalunya, institución encargada de recuperar la memoria histórica, ha puesto en marcha la exposición Catalunya Bombardejada, que recorre todas las localidades que sufrieron los bombardeos de la aviación franquista, italiana y alemana.

“Han tenido que pasar casi 80 años para que podamos contar el infierno que vivimos. El miedo a represalias ha estado siempre presente. Mi generación ha vivido con una cremallera en la boca”, concluye Lluïsa.

Público

El ‘cura verdugo’ del penal de Ocaña

Entre 1939 y 1959, 1.300 presos políticos fueron asesinados en Ocaña. El capellán de la prisión era el encargado de dar el tiro de gracia.

ALEJANDRO TORRÚS Madrid 24/03/2013 09:09 Actualizado: 26/03/2013 10:42

Grupo de presos dentro de la carcel de Ocaña

Grupo de presos dentro de la carcel de OcañaCedida por AFECO

"La luna lo veía y se tapaba / por no fijar su mirada / en el libro, en la cruz / y en la Star ya descargada. / Más negro que la noche / menos negro que su alma / cura verdugo de Ocaña".

Estos versos anónimo escritos por presos republicanos de la cárcel de Ocaña en 1941 bajo la supervisión de Miguel Hernández, según relató el militante comunista Miguel Nuñez en sus memorias, es el único documento escrito que da fe de los crímenes cometidos por “el cura verdugo de Ocaña”, tal y como los reos le bautizaron. Se trataba del capellán del penal de esta localidad toledana, también conocido entre los familiares de los reclusos como el “cura asesino”. Un religioso entre cuyas funciones se encontraba dar el tiro de gracia a los republicanos condenados a muerte.

“Todos sabíamos que era el cura. Participaba en las palizas y después gustaba de coger su pistola y dar el último disparo. Pero poco sabíamos de él. No se dejaba ver por el pueblo y un buen día desapareció de la prisión. Ni siquiera recuerdo su nombre”, cuenta a Público Celedonio Vizcaíno, de 75 años. Su abuelo, de quien heredó el nombre, fue fusilado el 8 de julio de 1939 por “el gran delito de pertenecer a Juventudes Comunistas”.  

En la memoria de este hombre, sin embargo, sí ha quedado marcada una imagen: la de decenas de presos caminando desde el penal hasta el cementerio en mitad de la noche. En una larga y profusa fila. Presos cabizbajos seguidos de una camioneta militar. Los registros dan fe de que una noche llegaron a ser 57 los fusilados. “A veces, cuando eran pocos, iban todos en la camioneta”, recuerda. Después llegaba el silencio más absoluto y, por último, el ruido de una ametralladora que los verdugos apoyaban sobre un montón de piedras.

Los registros recogen hasta 57 fusilamientos en una noche También recuerda Celedonio las mañanas en las que acompañaba a su madre al cementerio para poner flores a la fosa común donde descansan los restos de su padre. Las tres fosas del pequeño cementerio permanecieron abiertas hasta 1945 y él, siendo un niño de 5 años, podía ver los cuerpos de los fusilados comidos por la cal. Entre ellos, el de su progenitor

Otros días, llegar hasta la fosa se hacía imposible. “Muchas veces tuvimos que salir corriendo y escondernos en cualquier lugar cuando íbamos al cementerio. Las familias de derechas nos señalaban, nos insultaban y temíamos que nos mataran”, señala este hombre. El miedo no es de extrañar. Además de su abuelo, murieron otros tres familiares fusilados en el penal.

1.300 fusilados

Sólo en Ocaña, un pueblo de apenas 11.000 habitantes de la provincia de Toledo, se registraron entre 1939 y 1959, fecha del último fusilamiento, 1.300 víctimas de la represión franquista. En su pequeño cementerio se concentran tres fosas comunes. La mayoría murieron fusilados, pero un gran número de ellos lo hicieron enfermos dentro de la prisión. La Asociación de Familiares de Ejecutados en la Cárcel de Ocaña, tras examinar los registros del penal, señala que en invierno la lista de fallecidos aumentaba considerablemente debido a las penosas condiciones de vida a las que estaban sometidos los presos. En muchos casos los verdugos ni siquiera necesitaban balas para cometer sus crímenes.

“Hemos encontrado varias partidas de defunción de bebés, que morían en la cárcel. Era habitual que las presas tuvieran allí a sus hijos. De hecho, conozco un caso escalofriante”, narra Carmen Díaz, vicepresidenta de la asociación. “Una presa fue condenada a muerte pero tenía un bebé en edad de lactancia. Las monjas permitieron que la presa continuara con vida hasta que el bebé cumplió dos años. Entonces, se lo quitaron de los brazos y la fusilaron. El bebe fue abandonado entre los matojos, aunque me consta que logró sobrevivir”, cuenta esta mujer, cuya historia familiar no es menos  trágica.

“En el penal de Ocaña conocí lo más duro para un condenado a muerte: la soledad", detalla Marcos Ana

Su abuelo murió en la prisión tras ser juzgado tres veces: una para condenarle a muerte, otra para conmutarle la pena por 30 años de prisión y, finalmente, una última ocasión, en la propia cárcel, para condenarlo de nuevo a muerte. La sentencia fue ejecutada inmediatamente sin avisar a los familiares. “Sospechamos que el último juicio fue un fraude ya que no aparece en ningún registro. Simplemente, querían verlo muerto”, cuenta a Público Carmen.

Marcos Ana y Hernández

La cárcel de Ocaña ha pasado a la historia como uno de los símbolos de la represión franquista. Tanto por el alto número de fusilados como por el nombre de los presos que albergó. Entre sus barrotes estuvieron Miguel Hernández y el poeta Marcos Ana en el año 1940-41, el primero, y a partir de 1944, el segundo. A pesar de la breve estancia de Hernández en la prisión, su figura se ha transmitido en la historia oral de los familiares de las víctimas.

“Siempre se ha contado que Miguel Hernández enseñaba a leer y a escribir a los presos republicanos y que, a escondidas de los guardias, organizaba clases de poesía. El poema de El cura verdugo surgió de esas clases”, asegura Julián Ramos, cuyo abuelo fue fusilado en el cementerio de Ocaña por ser el alcalde socialista de San Bartolomé de las Abiertas (Toledo).

La versión de Julián del poema fue corroborada por el militante comunista Miguel Nuñez, fallecido en 2008, quien estuvo preso en el mismo municipio en aquellos años y relató este episodio en sus memorias. No obstante, este diario no ha podido corroborar la autoría del poema tras consultar biógrafos y expertos de la vida y obra de Hernández.

Marcos Ana, el reo político que pasó más tiempo en las cárceles franquistas (23 años), describió para el documental ‘Memoria Viva’ las condiciones de vida del penal de Ocaña, donde estuvo preso hasta 1946.

“En el penal de Ocaña conocí lo más duro para un condenado a muerte: la soledad. Me llevaron a una pequeña celda, de unos dos metros de largo y tan estrecha que con los brazos en cruz tocaba las paredes. Una puerta de hierro, un retrete en un rincón, un colchón de esparto y un pequeño y alto tragaluz enrejado iban a formar mi nuevo universo. Nos dejaban salir al patio dos veces al día, una hora por la mañana y otra por la tarde”, detalla el poeta, que añade que el momento más triste del día era el atardecer, cuando se despedían unos de otros “sin saber si aquél sería el último abrazo”.  

Poema íntegro

Muy de mañana, aún de noche,
Antes de tocar diana,
Como presagio funesto
Cruzó el patio la sotana.
¡Más negro, más, que la noche
Menos negro que su alma
El cura verdugo de Ocaña!

Llegó al pabellón de celdas,Allí oímos sus pisadas
Y los cerrojos lanzaron
Agudos gritos de alarma.
“¡Valor, hijos míos,
que así Dios lo manda!”
Cobarde y cínico al tiempo
Tras los civiles se guarda,
¡Más negro, más, que la noche
Menos negro que su alma
El cura verdugo de Ocaña!

Los civiles temblorososLes ataron por la espalda
Para no ver aquellos ojos
Que mordían, que abrasaban.
Camino de Yepes van,
Gigantes de un pueblo heroico,
Camino de Yepes van.
Su vida ofrendan a España,
Una canción en los labios
Con la que besan la Patria.
El cura marcha detrás,
Ensuciando la mañana.
¡Más negro, más, que la noche
Menos negro que su alma
El cura verdugo de Ocaña!

Diecisiete disparosTaladraron la mañana
Y fueron en nuestros pechos
Otras tantas puñaladas.
Los pájaros lugareños
Que sus plumas alisaban,
Se escondieron en los nidos
Suspendiendo su alborada.
La Luna lo veía y se tapaba
Por no fijar su mirada
En el libro, en la cruz
Y en la “star” ya descargada.
¡Más negro, más, que la noche
Menos negro que su alma
El cura verdugo de Ocaña!

Público

Diez falsos mitos del franquismo y de la derecha

La obra 'Los mitos del 18 de julio' repasa las leyendas sobre la República y la Guerra Civil construidas ya en la misma contienda por los golpistas y rejuvenecidas en democracia por sus herederos naturales que culminaron en el Diccionario Biográfico de la Real Academia de Historia.

ALEJANDRO TORRÚS Madrid 23/03/2013 08:18 Actualizado: 23/03/2013 14:57

 

 
Francisco Franco, dictador de España entre 1939 y 1975

Francisco Franco, dictador de España entre 1939 y 1975AFP

Llegó la hora de la respuesta, de “dejar las cosas claras respecto al origen inmediato de la guerra civil” y contrarrestar el revisionismo de derechas que descalifica la República para legitimar la rebelión de militar de 1936. Todo comenzó en la primavera de 2011 cuando la Real Academia de Historia (RAH) sorprendió con la publicación de los primeros volúmenes del Diccionario Biográfico Español. Los mitos y leyendas construidos durante los años posteriores a la Guerra Civil por los golpistas y rejuvenecidos por parte de la derecha española durante la democracia se disfrazaron de verdad absoluta bajo el manto de la RAH a cargo de los Presupuestos Generales del Estado (6,4 millones de euros). Más que un diccionario, la obra pareció una burla de proporciones históricas.

En tal diccionario nunca se definió a Franco como un dictador y sí como un “valeroso militar” y el franquismo fue calificado de “autoritario, pero no totalitario". El golpe de Estado del 18 de julio fue denominado “alzamiento” y la Guerra Civil fue sustituida a menudo por otros términos como “cruzada” o "guerra de liberación". Pero el revisionismo fue aun más lejos. A la salvaje represión ocurrida en Badajoz tras ser conquistada por los franquistas se la denominó "normalizar la vida ciudadana". En definitiva, todo un panfleto digno de ser firmado por el mismísimo Fraga durante sus años como ministro de Información.

La obra surge como respuesta al Diccionario Biográfico Español de la RAHLa historiografía española, agraviada ante el despropósito financiado por el erario público, se puso desde el primer momento manos a la obra para desmontar las afirmaciones y falacias que el diccionario vierte. En abril vio la luz En el combate por la historia (Editorial Pasado y presente) y esta semana ha llegado a las librerías Los mitos del 18 de julio (Crítica), “uno de los mayores y más completos esfuerzos de demolición de ciertas interpretaciones sobre el golpe, y la guerra civil que sobrevino a continuación”, según escribe en el prólogo Francisco Sánchez Pérez, coordinador de la obra, en la que también participan los historiadores Fernando Puell de la Villa, Julio Aróstegui, Eduardo González Calleja, Hilari Raguer, Xosé M. Núñez Seixas, Fernando Hernández Sánchez y José Luis Ledesma.

La obra trata de sintetizar y esclarecer las razones que propiciaron que el golpe de Estado se produjera exactamente el 18 de julio, el papel que desarrollaron en la sublevación el cuerpo civil y militar, la idea revolucionaria de las izquierdas y la contrarrevolucionaria de las derechas, el peso de la defensa del catolicismo y de la nación entre los sublevados, la presunta amenaza comunista y la realidad de la España de 1936. En definitiva, un libro que planta batalla al revisionismo de derechas que descalifica la República para legitimar la rebelión militar.

A modo de decálogo pueden enumerarse una lista de diez falsos mitos creados por el franquismo y sus herederos ideológicos con el propósito de justificar el golpe de Estado militar.

1. La II República no fue un desastre. “La República no fue un fracaso que conducía inexorablemente a una guerra” sino que fue “destruida por un golpe militar” que, al contar con la connivencia de un país extranjero y no triunfar en buena parte del país y en la capital, se encaminó automáticamente a la guerra civil. La República fue una democracia de entreguerras de nueva creación y como otras muchos democracias europeas de Europa tuvo que lidiar por un lado con la derecha autoritaria, fascinada por la experiencia fascista, y con la izquierda obrera que consideraba, de manera habitual, que la democracia era incompatible con el capitalismo.  

Durante los años de dictadura franquista, el régimen justificó el golpe de Estado por “el peligro comunista”. Sin embargo, las justificaciones conservadores han ido evolucionando de manera que es cada vez más habitual oír a los políticos de derechas nombrar el supuesto fracaso de la República como causa directa y sustancial de la guerra y nunca culpar de la misma el golpe de Estado militar que degeneró en una guerra civil.

Las justificaciones de la guerra civil de la derecha ya no son los rojos y marxistas sino los mismos políticos republicanos Como ejemplo sirve la entrevista que Manuel Fraga concedió a El País en 2007 en la que aseguró: “Pero los muertos amontonados son de una guerra civil en la que toda responsabilidad, toda, fue de los políticos de la II República. ¡Toda!”. En esta misma línea se manifestó Esperanza Aguirre en un artículo publicado recientemente en ABC en el que afirmó: “La "II República fue un auténtico desastre para España y los españoles (…). Muchos políticos republicanos utilizaron el régimen recién nacido para intentar imponer sus proyectos y sus ideas -en algunos casos, absolutamente totalitarias- a los demás, y que faltó generosidad y patriotismo".

Las justificaciones de la guerra civil de la derecha ya no son los rojos y marxistas sino los mismos políticos republicanos y su escasa habilidad y operatividad.  

2. El asesinato de Calvo Sotelo no precipitó nada. El hecho de que el golpe de Estado se produjera el 18 de julio no tiene nada que ver con el asesinato de Calvo Sotelo, que se produjo el día 13 de julio de 1936 y conocido el día 14. Su muerte, señala la obra “no precipitó nada” y “no tiene nada que ver”.

De hecho, hubo un proyecto de atentado terrorista contra la vida de Azaña, como respuesta al asesinato de Calvo Sotelo, que fue abortado por los militares golpistas que se encontraban en la capital. “Prohibido terminantemente. Todo está preparado en Madrid y eso podría echarlo a perder”, le dijo el coronel Ortiz de Zárate a Eusebio Vegas Latapié, cabecilla del proyecto.

3. La fecha del golpe dependía del apoyo fascista. La fecha de inicio del golpe está ligada a la promesa de intervención de la Italia fascista de Mussolini, con la que los monárquicos, liderados por Calvo Sotelo, suscribieron el día 1 de julio un acuerdo para la compra de una “espectacular cantidad de material bélico de primer nivel”. Estos contratos de venta de armas y promesa de intervención fueron firmados en Roma por Pedro Sainz Rodríguez con el apoyo personal de Antonio Goicoechea y “el más que probable conocimiento de Calvo Sotelo”.

De hecho, la obra reproduce tales contratos, conseguidos por el historiador Ángel Viñas, que hasta ahora estaban inéditos, a pesar de encontrarse en archivos españoles, “quizá negligentemente olvidados o convenientemente evitados”, explica el coordinador Francisco Sánchez.

4. No existen las dos Españas destinadas a enfrentarse. El hecho de que la ejecución del golpe de Estado dependiera de la llegada del armamento italiano permite al historiador Ángel Viñas desmontar otro mito repetido cientos de veces: la guerra civil no se produjo simplemente por cuestiones internas sino que contó con la connivencia de la Italia fascista, sin la cual “aquel golpe medio conseguido, medio fracasado” no se hubiese transformado en una guerra civil.

Sin la ayuda italiana la intentona golpista no habría tenido éxito

La participación italiana no se produce, por tanto, una vez iniciada la contienda sino que su apoyo previo al golpe fue fundamental para las esperanzas golpistas. Los contratos conseguidos por Viñas muestran como Italia facilitó a España “más de 40 aviones, miles de bombas, gasolina etilada, ametralladoras y proyectiles” sin los cuales los militares sublevados no hubieran podido iniciar una guerra civil.   

“Esta tesis desbarata completamente la idea apocalíptica que ha acompañado durante décadas, y que creó cuerpo historiográfico, de las dos Españas destinadas a enfrentarse, del guerracivilismo como una realidad endémica del país y en particular de que hubiese una guerra civil no declarada dentro de la sociedad española en los años treinta”, escribe Sánchez.

5. Los civiles monárquicos jugaron un papel crucial. El golpe del 18 de julio no solo fue obras de militares sino también de civiles, en particular de los monárquicos de Calvo Sotelo, que tuvieron un papel sustancial para que el golpe triunfase, y no meramente de apoyo. “Sin la trama civil interna, en una palabra, los militares golpistas quizá no hubiera tenido existo”, escribe Viñas.

La importancia de los civiles radica en tres aspectos. En primer lugar, sin el apoyo del partido alfonsino, Renovación Española liderado por Calvo Sotelo, los golpistas probablemente nunca hubieran conseguido el apoyo armamentístico de la Italia fascista. En segundo lugar, la trama civil, según argumenta Viñas, fue fundamental para la preparación de la sublevación de Franco en los términos exactos que este había diseñado para Canarias.

En tercer y último lugar, la trama civil fue esencial para crear las condiciones necesarias y suficientes para que pudiera florecer el movimiento insurrecional. La responsabilidad, en este caso, recaía en políticos y grupos de acción directa que debían conseguir “la deshumanización del adversario político”, “la provocación sistemática de la izquierda” y el estímulo y excitación de los propios partidarios”.

6. La defensa de la Iglesia y del catolicismo no existió en el diseño y ejecución del golpe. Entre las motivaciones alegadas por los militares en sus bandos de guerra iniciales de julio de 1936 (incluido el del propio Franco) no se cita ni una sola vez la recurrente “persecución religiosa” ni tampoco hay clérigos entre los conspiradores. “Nadie se creía en julio de 1936 que los militares rebeldes comenzasen semejantes fusilamientos masivos en defensa de la religión”, opina Sánchez.

La propaganda religiosa no empezó hasta septiembre de 1936 No fue hasta bastantes días después cuando la propaganda de los rebeldes utiliza la defensa de la religión para justificar la guerra civil. Otra cosa es la postura de la mayoría de los obispos, que apoyaron el golpe casi de inmediato, ofreciendo un respaldo ideológico formidable motivados, en su mayoría, por la defensa de sus privilegios casi feudales. Los obispos españoles fueron los encargados de bautizar a la guerra como cruzada, pero cabe recordar que ningún papa utilizado el término cruzada para referirse a la guerra civil.

Mucho más que la religión, la justificación invocada por los golpistas era la amenaza de la revolución comunista y la de defensa de la nación española frente a los separatismos. La defensa de la religión no se sitúa en el mismo escalón que la defensa de la patria hasta el 8 de septiembre cuando fue publicado en el Boletín Oficial de la Junta de Defensa de Burgos.

7. No había ninguna revolución comunista en marcha. Durante 39 años de dictadura franquista, el régimen señaló repetidamente que la sublevación militar fue la respuesta aun inminente levantamiento comunista. El anticomunismo sirvió a Franco para legitimar la insurrección contra el gobierno legítimo, presentándola como una contrarrevolución preventiva.

Basta para desmentir estas teorías conspiratorias la propia declaración del entonces embajador estadounidense, Claude Bowers, que recoge la obra: “A aquellos que fuera de España después tuvieron que escuchar con machacona insistencia la calumnia fascista de que la rebelión era para impedir una revolución comunista, puede sorprenderles saber que durante tres años y medio nuca oí semejante sugestión de nadie, mientras, por el contrario, todos hablaban confidencialmente de un golpe de Estado militar”.

Los motivos que llevaron a la sublevación a los militares fue frenar en seco las reformas progresistas, y democráticas, diseñadas en el primer bienio de la II República. Es decir, la reforma agraria, los estatutos de autonomía y la reforma militar.  De hecho, a pesar de la existencia de muchos discursos revolucionarios en la España de los 30, no solo obreros sino también burgueses, ninguna organización republicana u obrera se puso manos a la obra para subvertir el orden constitucional en la primavera de 1936.

El número de empresarios y propietarios que fueron asesinados en los meses anteriores al 18 de julio es ínfimo

8. El golpe de Estado militar sí que prevé un plan de conquista del poder y de la guerra. Las derechas contrarrevolucionarias o antiliberales y ciertos sectores militares sí se pusieron manos a la obra para subvertir el orden constitucional y recabaron con éxito la intervención internacional de la Italia fascista antes del golpe, es decir, hicieron todo aquello de lo que acusaban falsamente a la izquierda republicana y obrera. Prueba de ellos son los contratos anteriormente mencionados; los planes de Mola que hacían referencia a una sublevación “sangrienta” que debía llevar a las tropas desde el extrarradio de la península a Madrid, ya que como predijo el propio militar: el golpe fracasaría en Madrid y Barcelona.

9. En la primavera de 1936 no existía el terror rojo. “No había ninguna dinámica de exterminio ni liquidación de los enemigos de clase que pudiera continuarse después del 18 de julio, es decir, no se asesinaba a las gentes de orden”. Para demostrar esta afirmación y desmontar el mito del terror rojo en la primavera del '36, el coordinador de la obra Francisco Sánchez recurre a los datos. El número de empresarios y propietarios que fueron asesinados en los meses anteriores al 18 de julio es ínfimo y el de religiosos inexistente. “Por lo que sabemos murieron más empresarios entre 1919 y 1923 en toda España que en la primavera de 1936”, asegura Sánchez, quien añade que en 1923 fue asesinado un arzobispo y un cardenal (Soldevila). “Lo que no ocurrió en toda la República”, sentencia.

10. La URSS o la Komintern no planeaban ninguna intervención en España. La Unión Soviética, en contacto directo con el PCE, no tenía prevista una intervención revolucionaria en España. De hecho, en ningún lugar de Europa entre 1918 y 1939 triunfó ninguna revolución obrera ni hubo ninguna “expansión comunista”, pues el comunismo “no pudo o no supo salir de la URSS”.

Las pruebas que en este sentido ofrecieron los conspiradores fueron una serie de documentos cuya autoría se desconoce a “ciencia cierta”, pero que “diversos indicios permiten endosárselas al propio Mola”. Estos documentos venían a señalar el inicio de una revolución soviética en el verano del '36.  No obstante, una vez iniciada la guerra, esos documentos que habían sido el hazmerreír de muchos cuando se hicieron públicos, se transformaron en una de las principales herramientas propagandísticas del bando franquista. “Y sorprendentemente, todavía hoy continúan siendo esgrimidos por algunos para justificar la rebelión militar”, sentencia Sánchez.

Público

La Justicia argentina sigue adelante con la causa abierta por la jueza María Servini

 

Captura José Utrera Molina en un programa de Intereconomía

Captura José Utrera Molina en un programa de Intereconomía

La Justicia argentina sigue investigando los crímenes cometidos en España por el franquismo y ahora está pendiente de recibir una solicitud de imputación de la Red ciudadana contra los crímenes del franquismo (Red Aqua) contra los exministros Martin Villa, Utrera Molina (suegro de Ruiz-Gallardón) y más de otros 300 responsables de la represión franquista.

300 querellas
Red Aqua dará este paso tras recibir más de 300 querellas contra responsables de la represión franquista, a los que acusa por crímenes de lesa humanidad.

Rodolfo Martín Villa
La documentación previa a la querella, a la que ha tenido acceso Público, contempla la petición de imputación de cargos franquistas como el exministros Rodolfo Martín Villa,  en su caso, por el asesinato de cinco obreros durante una huelga en Vitoria.

Martín Villa, exministro, exsenador y exasambleario de la Asamblea de Madrid era conocido durante su periodo como ministro de Gobernación, entre 1976 y 1979 como “la porra de la Transición” por la dureza empleada en la represión de las manifestaciones obreras y estudiantiles. Está acusado de dirigir una intensa actividad parapolicial que se desarrolló a lo largo de estos años con una nutrida implicación de organizaciones fascistas.

La querella pedirá su imputación como ministro de Relaciones Sindicales y corresponsable de la muerte de cinco trabajadores en Vitoria durante la jornada de huelga del 3 de marzo de 1976. La Policía asaltó la iglesia de Vitoria de San Francisco de Asís y disparó contra los más de 5.000 obreros que habían acudido a una asamblea.

Utrera Molina, suegro de Gallardón
Red Aqua también pedirá la imputación por crímenes de lesa humanidad del suegro del ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, José Utrera Molina, por firmar la condena a muerte de Puig Antich, condenado a muerte por un tribunal militar tras ser acusado por el asesinato en Barcelona del subinspector de la Brigada Político Social, Francisco Anguas Barragán, durante la detención de Antich.

Miembro de la fundación Francisco Franco
Utrera Molina, de 86 años, forma parte actualmente del Fundación Francisco Franco. Fue ministro secretario general del Movimiento y vicepresidente del Consejo Nacional del Movimiento poco antes de la muerte de Franco. En 2010, el suegro de Gallardón escribió un artículo en ABC en el que calificaba la Ley de Memoria Histórica y la retirada del monumento al teniente general Millán Astray como una “vandálica invasión del Gobierno socialista”. “Vivimos un tiempo en el que corremos el riesgo de avergonzarnos de pertenecer a una Nación gloriosa y antigua como ha sido España”, afirmó.

Billy el niño
Red Aqua solicita, además, la imputación del “torturador” de la Brigada Político Social Juan Antonio González Pacheco, alias Billy el niño, quien tiene un amplio expediente de diligencias judiciales por presuntas torturas en los últimos años del franquismo. Su nombre llega a aparecer hasta en 17 querellas por tortura, presentadas en Argentina.

En 1974 fue condenado por un juzgado de Madrid por una falta de malos tratos y otra de coacciones al estudiante Francisco Lobatón. Un año antes, en 1973, ya había sido condenado por otra falta de lesiones interpuesta por Enrique Aguilar Benítez de Lugo. González Pacheco fue absuelto de todos los procesos judiciales en los que estaba envuelto por la Ley de Amnistía.

Fernando Suárez
La querella también contempla la imputación del exministro de Trabajo Fernando Suárez y del guardia civil golpista Jesús Muñecas Aguilar. Suárez firmó junto al resto de ministros, la sentencia a muerte de los últimos asesinados por el franquismo en septiembre de 1975.

El golpista Jesús Muñecas
Jesús Muñecas es, actualmente, propietario de un centro de equitación en Valdemoro y recibe la pensión máxima de jubilación por sus servicios prestados al Estado como guardia civil. Fue uno de los militares golpistas el 23-F. Fue el encargado de anunciar a los diputados la “próxima” llegada de la “autoridad, militar, por supuesto” y dirigió el grupo armado que tuvo a su cargo la vigilancia de las puertas del Parlamento.

El Plural

El Tribunal de Buenos Aires juzgará a Jorge Rafael Videla y Reynaldo Bignone por los delitos cometidos contra 108 opositores políticos que fueron perseguidos, asesinados o deportados. Los más de 500 testigos podrían alargar la causa durante unos dos años

AGENCIAS Buenos Aires 05/03/2013 18:21 Actualizado: 05/03/2013 18:55

El exdictador Jorge Videla (tercero por la derecha)se sienta en el banquillo de los acusados durante el juicio de la 'Operación Cóndor'.

El exdictador Jorge Videla (tercero por la derecha)se sienta en el banquillo de los acusados durante el juicio de la 'Operación Cóndor'.REUTERS

La Justicia argentina ha sentado en el banquillo a los dictadores Jorge Rafael Videla y Reynaldo Bignone por presunta responsabilidad en la persecución de opositores bajo el Plan Cóndor, la estrategia de represión coordinada de las dictaduras del Cono Sur en los años 70 y 80.

Entre los 25 imputados en este juicio oral por crímenes de lesa humanidad figuran también el exministro del Interior de la dictadura argentina (1976-1983) Albano Harguindeguy y los exgenerales Luciano Benjamín Menéndez, Antonio Bussi, Santiago Riveros y Ramón Díaz Bessone.

El Tribunal Oral en lo Criminal Federal Nº 1, de Buenos Aires, juzgará los delitos cometidos contra 108 víctimas en una causa en la que declararán alrededor de 500 testigos y que podría prolongarse durante unos dos años, según el Centro de Información Judicial.

La mayoría de las víctimas eran ciudadanos uruguayos que fueron trasladados al centro clandestino de detención Automotores Orletti, en Buenos Aires, pero también se juzgan los casos de secuestrados de nacionalidad paraguaya, chilena, boliviana y peruana.

La Justicia argentina solicitó el pasado febrero, en el marco de esta causa, la extradición del exdictador peruano Francisco Morales Bermúdez, por la presunta deportación de trece peruanos a Argentina en 1978, pero fue denegada. La Operación Cóndor fue implementado por las dictaduras de Chile, Argentina, Brasil, Uruguay, Bolivia, Perú, Ecuador y Paraguay para perseguir, asesinar, desaparecer o deportar a opositores políticos fuera de sus países.

La cooperación de los servicios secretos de los distintos estados se inició a partir del golpe de Estado que derrocó al socialista Salvador Allende en Chile en 1973. Una de las primeras víctimas de la Operación Cóndor fue el general chileno Carlos Prats, que se mantuvo leal a Salvador Allende y murió asesinado en septiembre de 1974 en Buenos Aires junto a su esposa Sofía Cuthbert.

No se tuvieron pruebas concretas del plan hasta 1992, cuando el activista paraguayo Martín Almada, víctima de la dictadura en su país, descubrió en dependencias policiales informes secretos después denominados los Archivos del terror, ya que eran documentos que detallaban operaciones represivas conjuntas. En los informes constaba la autorización a miembros de las fuerzas armadas y a paramilitares a cruzar sus fronteras nacionales para perseguir a sus conciudadanos refugiados en los países vecinos.

Videla, de 87 años, encarcelado en la Unidad Penal de Campo de Mayo, a las afueras de Buenos Aires, fue el primer gobernante de la dictadura argentina condenado a prisión perpetua, cuando en 2010 la Justicia le declaró culpable del fusilamiento de una treintena de presos políticos en 1976.

El año pasado, un tribunal condenó al exdictador a 50 años de cárcel por el plan sistemático de robo de bebés, hijos de perseguidos o desaparecidos, durante la dictadura.

Público