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El Heraldo de Madrid vuelve a salir a la calle

Mucho tiempo llevaba sin publicar nada en este blog que con tanta ilusión se empezó a la vista de las buenas perspectivas que se auguraban para la recuperación de la Memoria Histórica. Sin embargo, sobre todo en los últimos años de gobierno del Partido ideológicamente heredero del franquismo (¿Cómo puede haber gente mala baba o babosos según se mire que digan que son lo mismo los herederedos de la dictadura que los aplastados por la dictadura?) La ya de por si deficiente ley de memoria histórica, que abría esperanzas a todas las víctimas del franquismo y resituir el honor y dignidad de éstas y sus familiares, esto se ha venido abajo. Sobre ello estoy siempre en que voy a escribir un comentari y, a buen seguro que lo haré aunque en un tono muy escéptico sobre la idiosincrasia española que no excluye nunca de su historia la corrupción moral y social, y que mantiene un espíritu inquisitorial permanente de unos hacia otros conciudadanos, convirtiendo los valores en algo elástico que vale si le beneficia a uno mismo, pero es un abuso si le beneficia a otro.

Pero cuando hay noticias buenas sobre delitos flagrantes del franquismo que, aunque sea por la vía de los hechos y, aún de forma incompleta, se le da la vuelta a aquellas tropelías, viendo que se intenta reiniciar caminos truncados de medios de comunicación como el Heraldo de Madrid, no puedo por menos que hacer este pequeño comentario de presentación a la noticia:

heraldodemadrid1Por una sola vez, en edición conmemorativa del fin de la guerra civil y de actualidad contada por una nueva generación de periodistas.

eldiario.es e Infolibre se encargarán de la información política, Alternativas Economicas y La Marea tratarán la confluencia de la crisis económica con la sociedad; fronterad abrirá las ventanas a la escena exterior, Materia aportará su visión del mundo de la ciencia, Jot Down lo hará con la cultura, Revista Fiat Lux, con la crónica negra y Líbero con el deporte. Mongolia pondrá el punto de humor con su visión corrosiva de la realidad noticiosa.

Además, habrá espacio para la opinión con firmas destacadas y todo ello será dirigido por el prestigioso periodista Miguel Ángel Aguilar.

 

Leer Proclama . . . 

La entrada del ejército franquista en Madrid se produjo el 28 de marzo de 1939, pronto se cumplirán los 75 años. Mientras los militares se internaban por el extraradio, un grupo de falangistas entró en el edificio de Heraldo de Madrid pistola en mano. Ante un grupo de periodistas y trabajadores, los falangistas levantaron una acta de incautación que supuso la clausura del periódico, sin que la Sociedad Editora Universal fuera nunca compensada.

 

Heraldo de Madrid fue el líder de la prensa liberal en España hasta el fin de la guerra civil. Sin embargo, el conocimiento que se tenía hasta ahora de su historia era más que sucinto. La incautación del periódico, el exilio de sus propietarios y muchos de sus periodistas, así como la cárcel que sufrieron otros, iniciaron una época oscura que se prolonga hasta nuestros días.

 

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Heraldo de Madrid

La vida oculta del asesino de Yolanda

El ‘ultra' Emilio Hellín Moro fue condenado en 1982 a 43 años por asesinar a Yolanda González

Trabaja para la Guardia Civil y la policía en terrorismo y crimen organizado

 
 

Emilio Hellín, de 63 años, la pasada semana. / Carlos Rosillo

Un excriminal de la ultraderecha condenado a 43 años por asesinato trabaja para los Cuerpos y Fuerzas de la Seguridad del Estado en casos judicializados y forma a sus agentes en técnicas forenses de espionaje y rastreo informático.

—¿Emilio Hellín Moro?

—Yo soy Luis Enrique Hellín…

—Perdone, pero ¿no es usted Emilio Hellín, el autor del asesinato de Yolanda González, la joven de 19 años que murió en 1980?

—No… Emilio Hellín murió hace tres o cuatro años… Somos familia.

—No sabía que tuviera un hermano llamado Luis Enrique.

—Es una historia complicada porque somos hijos de la misma madre, pero de distinto padre. Luego juntamos los apellidos… ¿Sabe? Líos de familia que prefiero no comentar.

—¡Se parecen ustedes muchísimo! ¡Y los dos eran informáticos! Usted se ha cambiado el apellido y aparece su currículo en Linkedin [web de contactos profesionales] como Luis Enrique Helling. Se ha añadido una g al apellido.

—Es que nuestro abuelo era de origen inglés.

—¿Sabe de qué murió Emilio? ¿Dónde puedo localizar a su familia?

—No lo sé.

—¿De qué pueblo son ustedes? ¿Puede enseñarme su DNI para demostrar que no es usted Emilio Hellín?

—La conversación ha terminado…

Luis Enrique Hellín Moro, de 63 años, es un tipo alto y corpulento, tiene una frente despejada y pelo blanco en las sienes. No rehúye la mirada y habla con aparente calma y frialdad. Viste una camisa de lana clásica de cuadros, pantalón de pana beige y zapatos marrones. De su cuello cuelgan unas pequeñas gafas graduadas. El encuentro con el periodista tiene lugar en la oficina de su empresa, New Technology Forensics, especializada en peritaje criminal, en una tranquila calle en el barrio madrileño de San Isidro, frente a un colegio público. El local, de tres alturas, es una desordenada oficina de 30 metros cuadrados repleta de ordenadores y teléfonos móviles, la especialidad de este técnico superior de sistemas de telecomunicaciones e informáticos. Junto a la puerta blindada de hierro, siempre cerrada, un cartel exhibe su nombre y el de dos de sus colaboradores, uno de ellos apellidado Hellín Asensio. Emilio Hellín estaba casado con María del Carmen Asensio.

DETENIDOS

La portada de EL PAÍS: El asesinato en Madrid de Yolanda González Martín, de 19 años, conmocionó a España. Semanas antes de su ejecución a manos de un comando de ultraderechistas había muerto otro joven. El 12 de febrero de 1980 este periódico informó de que dos militantes de Fuerza Nueva eran los asesinos de la joven y de que habían sido detenidos por la policía tras incautarles gran cantidad de armas y explosivos.

En el departamento de defunciones del Registro Civil de Madrid, en el número 66 de la calle de Pradillo, no consta el presunto óbito de Emilio Hellín Moro, el militante de Fuerza Nueva —partido de extrema derecha que dirigía Blas Piñar— que protagonizó en 1980 uno de los asesinatos más brutales de la Transición; tampoco la Dirección General de la Policía ha expedido en los últimos años ningún carné de identidad a su nombre. Sí lo ha hecho, en cambio, a nombre de Luis Enrique Hellín Moro, el experto informático que niega ser el excriminal pese a su extraordinario parecido físico.

Emilio Hellín Moro, condenado a 43 años de cárcel por el asesinato en Madrid de Yolanda González Martín, una joven militante del Partido Socialista de los Trabajadores (PST), ha cambiado su nombre por el de Luis Enrique, según ha comprobado ELPAÍS en su acta de nacimiento, depositada en el Registro Civil de Torre de Miguel Sesmero, un pueblo de unos 1.200 habitantes en Badajoz. El cambio se oficializó hace 16 años, el 25 de enero de 1996, en virtud de un auto dictado por el Registro Civil de Madrid en el expediente 402/95. Desde entonces, este es su secreto mejor guardado.

Con este cambio de nombre que permite la ley “si se demuestra una causa justa y no perjudica a terceras personas” el ultra Hellín Moro disfrazó su pasado criminal poco después de cumplir condena —permaneció entre rejas 14 años, con el paréntesis de una espectacular fuga a Paraguay—, de los 30 de pena máxima que contemplaba el Código Penal. Y al salir de la cárcel de Jaén 2 se construyó una nueva vida centrada precisamente en el mundo de la investigación criminal y judicial, un escenario del que él mismo fue protagonista estelar después de secuestrar a Yolanda González en su casa de Madrid y descerrajarle dos tiros en la cabeza en un descampado con el argumento de que ella era miembro de ETA, una falsedad.

EXPLOSIVOS Y GRANADAS

Planeaban otros atentados: Los agentes encontraron en el registro 50 kilos de goma 2, dos granadas de mano, mechas para explosivos, cebos electrónicos, detonadores, scanner VHF y un receptor de las emisoras policiales y de la Guardia Civil.

El nuevo Luis Enrique Hellín Moro es ahora uno de los principales asesores del Servicio de Criminalística de la Guardia Civil, participa en investigaciones judicializadas sobre terrorismo y delincuencia, imparte cursos de formación a agentes de este cuerpo, de la Policía Nacional, el Ministerio de Defensa, Ertzaintza y Mossos d’Esquadra, da conferencias a miembros de las Fuerzas y Cuerpos de la Seguridad del Estado en organismos oficiales y cobra por sus servicios del Ministerio del Interior, según ha comprobado este periódico. También asiste como perito a la Audiencia Nacional y a numerosos juzgados de distintas ciudades españolas. Su especialidad es el rastreo de pruebas en teléfonos móviles, ordenadores y dispositivos digitales que han intervenido en actos terroristas, crímenes, homicidios, secuestros, delitos económicos, financieros o informáticos, según consta en su currículo y confirman varias fuentes oficiales y judiciales. Jamás confiesa que el hábil y frío experto en telecomunicaciones, teléfonos espías, localización de llamadas, intervención de comunicaciones, recuperación de SMS o móviles activadores de explosivos es, en realidad, el ultra que a los 33 años, casado y con tres hijos, dio “un paseo a Yolanda González por una España grande, libre y única”, tal y como reivindicó el asesinato el Batallón Vasco Español, antecesor de los Grupos Antiterroristas de Liberación (GAL). Desde su aparición, el 24 de mayo de 1978, los comandos paralelos del Batallón Vasco Español asesinaron a 12 personas en atentados dentro y fuera de España. La diferencia entre este y otros crímenes del grupo parapolicial es que la víctima no tenía nada que ver con ETA.

ARMAS Y EXPLOSIVOS

La escuela-bomba: En el registro de la escuela de electrónica de Hellín, en Madrid, donde el militante de Fuerza Nueva impartía clases desde hacía 11 años, la policía encontró las armas del crimen, una pistola Walther y una Star, un subfusil marca Comando, un bolígrafo pistola y abundante munición, entre otro material.

El comandante Ramón García Jiménez, exdirector del departamento de ingeniería, electrónica e informática del Servicio de Criminalística de la Guardia Civil, explica así el trabajo de Hellín para este Cuerpo: “Nos asesoraba en cómo resolver y orientar algunos casos forenses. Nosotros no abarcamos todos los campos. Le pedíamos apoyo sobre cómo rescatar información de teléfonos móviles en casos judicializados que estaban bajo nuestra custodia y control. También colaboraba, y me imagino que sigue colaborando, en la formación de nuestros hombres. Es uno de los técnicos civiles más formados y va más adelantado en determinados campos de investigación”.

¿Sabe usted algo del pasado de este colaborador? “No conozco el pasado de este señor, solo sé que ha respondido siempre a todo lo que le hemos pedido”, responde el comandante García, destinado en el Ministerio del Interior.

El renacido Luis Enrique Hellín participó en 2008 en un seminario sobre nuevas tecnologías en la lucha contra el delito del Instituto Universitario de Investigación en Ciencias Policiales (IUICP) que dirigía José Antonio García Sánchez-Molero, subdirector del organismo y entonces coronel jefe del Servicio de Criminalística de la Guardia Civil. Virginia Galero, directora del IUICP, asegura que a Hellín se le invitó por “su especialidad”, y añade que el curso perseguía mejorar los medios de la policía científica y del servicio de criminalística de la Guardia Civil. Este instituto mixto depende de la Universidad de Alcalá y de la Secretaría de Estado para la Seguridad del Ministerio del Interior.

EL JUICIO Y LA CONDENA

Asesinato con alevosía: El juicio contra los asesinos de Yolanda González levantó una gran expectación. Emilio Hellín fue condenado a 43 años de prisión. En la fotografía, sus abogados Fernando Muñoz Perea, Dimas Sanz y José Luis Díaz Echegaray, en la puerta de la Audiencia Nacional. Foto: Bernardo Pérez

El coordinador de este seminario y subdirector del IUICP, José Miguel Otero, comisario jefe de la Unidad central de Investigación Científica y Técnica de la Comisaría General de Policía Científica, asegura no conocer a Hellín y afirma no recordarlo. “Vendría invitado por otros miembros del instituto”, dice. Junto a Hellín participaron también en la formación de policías y guardias civiles el juez Eloy Velasco, hoy en la Audiencia Nacional, y Matías Bevilaqua, un informático detenido recientemente e imputado en la trama de compra y venta de datos confidenciales desarticulada por la policía en la que hay implicados varios detectives. El hacker asegura que aquel programa fue “del más alto nivel” y apostilla que la empresa de Hellín trabaja “muy bien”. El exconvicto ha impartido numerosos cursos y talleres de formación en la Dirección General de la Guardia Civil sobre “teléfonos espías”, obtención de evidencias en Mac, iPhone e iPod, e interpretación de datos binarios obtenidos de teléfonos móviles. Su último trabajo conocido es el rastreo de llamadas en el caso José Bretón, los dos niños supuestamente asesinados por su padre en Sevilla

PROTEGIDO EN PARAGUAY

La fuga: En 1987, Hellín aprovechó un permiso para huir a Paraguay, donde recibió protección de Stroessner. Abajo, la casa en la que residió. En la fotografía de arriba, con el ministro de Justicia de Paraguay, Hugo Estigarribia. Fue extraditado en 1990. Fotos: Reuters / J. García

El asesinato de Yolanda González en 1980 conmocionó a todo el país. La joven nació en Deusto (Vizcaya) en el seno de una familia trabajadora. Era la mayor de tres hermanos y obtenía notas brillantes en el colegio público donde estudió el bachiller. A los 16 años se afilió a las juventudes socialistas. Comprometida con sus ideas repartía de madrugada propaganda revolucionaria a las puertas de fábricas como en las que trabajaba su padre, un emigrante burgalés y soldador metalúrgico en Nife.

LA ANTESALA DE LA LIBERTAD

Polémicos permisos: En la imagen, Emilio Hellín sale de la cárcel de Jaén en septiembre de 1993 para disfrutar de siete días de libertad. Había cumplido la cuarta parta de la condena y su permiso fue muy criticado a causa de sus antecedentes: una evasión y dos intentos de fuga.

Del cuello de Yolanda colgaba una cruz Lauburu regalada por el comité de empresa de una factoría vasca. A los 18 años se trasladó a Madrid para estudiar electrónica en el centro de Formación Profesional de Vallecas. Vivía en un modesto piso en la calle del Tembleque, en el barrio de Aluche, y limpiaba casas particulares para no pedir ayuda a sus padres. “Era una persona lista, con una gran fuerza vital y entusiasta de las cosas y las personas. Siempre pensando en ayudar a los demás”, recuerda ahora Alejandro Arizcun, de 61 años, su novio de entonces y hoy profesor de Historia de la Economía en una universidad pública.

La vida de Yolanda en Madrid giraba entre sus clases en Vallecas, su trabajo de limpiadora y la sede del PST, una escisión del PSOE. Durante la segunda quincena de enero de 1980 participó en una huelga general de enseñanza, según reflejan fotografías en las que aparece a la cabeza de las manifestaciones estudiantiles. El viernes 1 de febrero de 1980, los militantes de Fuerza Nueva Emilio Hellín Moro e Ignacio Abad Velázquez, estudiante de Químicas, se presentaron en el domicilio de Yolanda, en el número 101 de Tembleque, con la intención de secuestrarla e interrogarla. No estaba, por lo que volvieron sobre las doce de la noche. En la calle contaban con el apoyo de otros dos militantes de Fuerza Nueva, Félix Pérez Ajero y José Ricardo Prieto, y del policía nacional Juan Carlos Rodas, que les aguardaban en un turismo. La joven intentó impedirles el paso, pero no lo logró. La redujeron con violencia, registraron el piso y la obligaron a acompañarles hasta el coche de Hellín. Se dirigieron por la carretera de Alcorcón hacia San Martín de Valdeiglesias, a las afueras de Madrid. En el trayecto, gritos, insultos y preguntas sobre un supuesto comando de ETA que no existía salvo en la imaginación de los dos matones. Acusaciones a las que Yolanda, que acababa de cumplir 19 años, no podía responder. En un descampado frío y solitario, Hellín obligó a la joven a descender de su coche y le disparó dos tiros en la cabeza a menos de un metro de distancia. Abad, de orden de Emilio, la remató en el suelo. Su disparo impactó en un brazo. “Cuando vi caer a Yolanda, quedé atontado y no me di cuenta de que disparaba”, relató el primero a preguntas del fiscal durante la celebración del juicio. La versión de Abad, en la que implicó a su compañero y dio todo lujo de detalles sobre el secuestro y asesinato, fue idéntica a la del fiscal.

Yolanda González Martín.

Días después, el agente que colaboró en el crimen confesó el asesinato al comisario Francisco de Asís. Hellín descansaba en Vitoria alojado en la casa de un amigo, inspector de policía. El ultra se jactaba de sus contactos en la Brigada Operativa de la policía. Además, tenía un hermano en la Guardia Civil, y entonces los vínculos entre miembros de la ultraderecha y los sectores más reaccionarios de las Fuerzas de Seguridad del Estado eran frecuentes.

El 7 de febrero, Hellín y Abad fueron detenidos y confesaron el asesinato. Ambos aseguraron que lo hicieron en venganza por el asesinato de seis guardias civiles en el País Vasco y porque sospechaban que Yolanda militaba en ETA. En el registro de la escuela de electrónica de Emilio, en la que impartía clases desde hacía 11 años, en el número 1 de la calle de San Roque, se descubrió un arsenal de armas y explosivos. Con una gran antena, un Scanner VHF y un receptor captaban las emisoras de la policía y de la Guardia Civil. Era el material del denominado Grupo 41 de Fuerza Nueva, que dirigía Hellín, destinado a otros atentados.

Ficha policial de Emilio Hellín.

Hellín no se resignó a cumplir los 43 años de condena (asesinato con alevosía, delito de depósito de armas y seis delitos de falsificación de documentos de identidad). Meses después de su ingreso en prisión preventiva se escapó de la cárcel de Alcalá de Henares en compañía de 10 presos comunes, aunque fue detenido horas después. Fue clasificado como interno especialmente peligroso y trasladado a Herrera de la Mancha, la cárcel más segura del país. Pero no cejó en su empeño y lo intentó de nuevo cuando le llevaron a la prisión de Cartagena, y lo logró al aprovechar un polémico permiso de seis días de libertad concedido el 20 de febrero de 1987 por el juez de vigilancia penitenciaria de Valladolid José Donato cuando estaba en la cárcel de Zamora. Hellín huyó a Paraguay con su mujer y sus tres hijos. Y de nuevo volvió a su pasión: la informática y la inteligencia. Creó el Centro de Estudios Profesionales de Asunción, dedicado a las clases de informática, y trabajó para los servicios secretos policiales y militares paraguayos formando a agentes en la instalación de micrófonos y rastreo de llamadas. Cambiaba de domicilio y utilizaba solo su segundo apellido hasta que fue descubierto por un reportero de la revista Interviú que denunció su paradero. En julio de 1989, la Interpol lo detuvo y el 21 de septiembre de 1990 fue entregado a España y devuelto a su celda de la prisión de Zamora. Su aventura en Paraguay bajo la protección del régimen de Alfredo Stroessner duró tres años. El dictador había invitado a su toma de posesión en Asunción a Blas Piñar, dirigente de Fuerza Nueva, y a León Cordón, entre otros ultras.

CAMBIO DE NOMBRE

De Emilio a Luis Enrique: Tal y como consta en su acta de nacimiento Emilio Hellín Moro cambió su nombre por el de Luis Enrique mediante un auto dictado por el Registro Civil de Madrid de fecha 22 de enero de 1996, poco después de salir de la cárcel. El ultraderechista nació el 8 de abril de 1947 en Torre de Miguel Sesmero, un pueblo de Badajoz. En el DNI de Luis Enrique Hellín Moro figura la misma fecha de nacimiento y en la misma localidad.

Los padres y hermanos de Yolanda González ignoraban la nueva vida del asesino de su hija. Eugenio tiene 79 años y Lidia, 72. Siguen viviendo en Deusto y no han conseguido olvidar. Asier, de 39 años, el hermano pequeño, no oculta su malestar. “Estoy perplejo. Es indignante que este hombre realice esa actividad. No sé si se habrá arrepentido; todo el mundo tiene derecho a una nueva oportunidad, pero, si lo hace con una nueva identidad, solo ratifica el tipo de personaje que es. Está claro que en este país las personas vinculadas a la extrema derecha gozan de privilegios”. Alejandro Arizcun, el novio de Yolanda, responde atónito con una palabra: “Tremendo”. Y añade: “Lo que usted me cuenta demuestra los lazos que Hellín tenía entonces con los cuerpos policiales y que todavía mantiene vivos. Nunca se investigó a fondo la implicación de algunos policías en el asesinato”.

Tras la visita del periodista a su oficina en Madrid, Luis Enrique Hellín ha suprimido de su biografía en Linkedin la g de su “abuelo inglés”. En su currículo de perito todavía queda una huella muy profunda de su oscuro pasado: asesor en telecomunicaciones e informática (1988-1989) del comandante en jefe de Estado Mayor del Ejército y del director general de la Policía Nacional de Paraguay. ¿Nadie en la Guardia Civil y la policía sabe quién es este experto forense informático que colabora en investigaciones criminales y forma a agentes de las Fuerzas y Cuerpos de la Seguridad del Estado?

La sombra de Fuerza Nueva

J.M.I.

David Martínez Loza, guardia civil en excedencia y jefe de seguridad de Fuerza Nueva, fue la persona que ordenó el arresto, interrogatorio y ejecución de la joven Yolanda González, de 19 años, según aseguró al tribunal Emilio Hellín Moro, el autor material del asesinato, durante el juicio en la Audiencia Nacional. Hellín señaló que nada más ser detenido se había confesado autor porque le habían pedido que cargara con toda la culpa y que le ayudarían. “La propia policía me dijo que no merecía la pena implicar a más personas”. Hellín aseguró que la ayuda de su partido, del que fue expulsado tras el asesinato, nunca llegó. Cuando el fiscal le preguntó quién dio la orden de secuestrar a Yolanda, el ultra respondió: David Martínez Loza. Hellín implicó a dirigentes de Fuerza Nueva, así como a funcionarios de policía, pero Ignacio Abad, el otro autor material, descargó sobre él toda la responsabilidad. Martínez Loza fue condenado solo por inducción a secuestro. “No se quiso tirar del hilo y buscar la implicación de policías en el secuestro de mi hermana. Las conexiones de Hellín y de Fuerza Nueva con la policía eran escandalosas”, recuerda ahora Asier, de 39 años, hermano de la víctima. “No se investigó la implicación de Fuerza Nueva”, se lamenta también Alejandro Arizcun, de 61 años, el novio de Yolanda.

Alfonso Guerra, entonces diputado socialista, afirmó que los minicomputadores PET 201 que utilizaba Hellín eran usados como terminales de conexión telefónica con un ordenador que la Guardia Civil tenía en un chalet camuflado en la colonia de El Viso, en el centro de Madrid, donde operaba un capitán adscrito al servicio de información del citado cuerpo.

El País

Nos sorprende que a más de treinta años vista de una democracia nacida muy en precario y con bajísimo nivel de calidad, vuelva casi a sus orígenes. Que todos los derechos sociales, económicos, culturales y políticos que se fueron conquistando en estas décadas, precedidas de luchas sociales dentro del franquismo que ya habían arrancado a la dictadura algunas mejoras para las clases trabajadoras y populares, con sufirmientos, sudor y lágrimas (y vidas) de trabajadores y sus familias (esas por las que hoy tanto rezan los hipócritas en la plaza de Colón). Nos sorprendemos sí. Pero hay una clave -por supuesto que hay otras- de esta sorpresa que hemos querido dejar pasar desapercibida -que nadie diga que no sabíamos que estaba ahí porque estaba aunque fuera en las cunetas de nuestra geografía- de por qué se puede retroceder en el tiempo tan rápido en tan sólo un año.

Lo primero preguntar a quien puso las elecciones en un 20 N si era consciente del efecto de recuerdo intimidatorio que eso tenía. Gran error histórico-psicológico. Y llego a mi reflexión: La débil Memoria Histórica -o digamos la asustada Memoria Histórica de los españoles- ahora que se cumplen cinco años de la entrada en vigor de la descafeinada Ley -pero que podría haber abierto el camino de la recuperación de la dignidad injustamente ensuciada por unos criminales contra la humanidad con voluntad política ante quienes pretendieron volver a perpetrar una mentira masiva un 11 de marzo de triste recuerdo-, no haber iniciado el camino que abría la Ley aprobada en el Parlamento, era un indicador claro de lo que pasaría si la derecha volvía a ganar las elecciones. Que nadie diga que la derecha no iba a volver a comportarse como lo ha hecho siempre, y si lo dice que explique si es que atina a explicarse qué suerte de cambio "celestial" se había realizado en la derecha cavernaria española para pensar tal disparate. Al menos para que les podamos mandar a aquel sitio que mandaba Labordeta a quienes querían apropiarse de nuestros símbolos y de nuestras señas de identidad.

Leo en Nueva Tribuna un artículo que ha sido el primero que me ha llevado a hacer esta reflexión. Hacía tiempo que no hacía este tipo de post, pues siempre he preferido reflejar lo que refleja la prensa sobre nuestra Memoria Histórica. Pero creo que cada vez va a ser más conveniente que dé mi opinión sobre estos temas.

En este artículo se habla de la certificación que han hecho víctimas del franquismo sobre la debilidad de la Ley de Memoria Histórica. Para ello ponen como ejemplos la cantidad de símbolos franquistas que todavía perduran por la geografía de nuestro país. En las calles y yo añado todavía más preocupante en edificios públicos. Pero esa debilidad no sólo está en la falta de voluntad política de quienes aprobaron la Ley. Sino la propia ciudadanía que mira para otro lado con iniciativas de toda índole que inician colectivos e individualidades, para recuperar la Memoria Histórica en todos los órdenes de la vida de nuestro país. Resulta muy indicativo de esto que digo, pues me dedico a intentar dignificar la Memoria Histórica en la Sanidad Pública, sobre todo en la madrileña, el que uno de los generales golpistas del 18 de julio -de los primeros y más decididos- que sublevaron el Cuartel de la Montaña de Madrid contra el sistema democrático del país, con la masacre que provocó en el mencionado cuartel, no sólo tenga una calle -como tantos otros golpistas- en un barrio obrero de la capital, sino que de nombre a un Centro de Salud: General Fanjul, y la campaña que ya lleva casi dos años en marcha, haya sido torpedeada por dos páginas de recogida de firmas virtuales, que ese trasiego y en sus sucesivas vicisitudes en la actualidad sólo haya recogido 14 firmas -no es suficiente que hayan leido la noticia cientos de lectores como puedo acreditar si alguien lo pide ni que sea votada mucho en algunos rankings-. Es una muestra de que algo falla en nuestro país. Algo muy serio. No me extraña ni me sorprende, por tanto, que estemos en el momento que estamos con un gobierno que campa a sus anchas desolando el país en libertades, derechos  y conquistas sociales que, como he dicho, en otros momentos ha costado sangre, sudor y lágrimas.

Es realmente preocupante que sigan fosas comunes sembrando las cunetas del país y que se inhabilite de la judicatura a quien quería acabar con la Ley de Impunidad-Amnistía, y había empezado a dar operatividad a la Ley de Memoria Histórica. El resto del artículo os invito a que lo leáis en el enlace que os he propuesto al principio de este comentario.

Para ver que este país tiene un problema muy serio con su Memoria Histórica, he leido otros artículos de cómo están encarando otros países su Memoria Histórica, con individuos que también han cometido crímenes contra la humanidad que no prescriben nunca ¿Hasta cuando vamos a consentir tanta infamia? ¿Hasta cuando nos va a poder el miedo a los criminales y sus herederos y nos vamos a avergonzar, como decía el poeta, porque apenas si nos dejan decir que somos quien somos? (y decía más cosas como "a la calle que ya es hora de pasearnos a cuerpo y decir que pues vivimos, anunciamos algo nuevo), para ver todo esto en Chile van a juzgar a los criminales que acabaron con la vida de Victor Jara. Los criminales contra la humanidad debieran saber o desde todos los gobiernos que se llamen democráticos debieran de lanzar el mensaje claro y contundente de que este tipo de crímenes nunca quedan sin juzgar y jamás deben de quedar impunes. Que el peso de la Ley caiga siempre, más tarde o más temprano, sobre los responsable directos genocidios como de sus inspiradores y defensores, en forma de condena penal, civil y de inhabilitación política (prohibición legal) para todo el que defienda semejantes monstruosidades o se niegue de forma sistemática a condenarlas y facilitar el esclarecimiento de las masacres. Por salud democrática e histórica de los pueblos.

Volveré con mis comentarios porque aunque sea una minúscula aportación la mía, cualquier minúscula aportación no sólo no sobra sino que es necesaria ante tanta mirada para otro lado.

Las Brigadas Internacionales vuelven al frente 76 años después

35.000 voluntarios de 53 países distintos llegaron a España para defender  la República. 9.000 de ellos fallecieron o fueron encarcelados. Esta semana se ha conmemorado el 76 aniversario de su llegada a Madrid

ALEJANDRO TORRÚS Madrid 11/11/2012

 

Las BrigadasInternacionales en su desfile por Madrid el 8 de noviembre de 1837.

Las Brigadas Internacionales en su desfile por Madrid el 8 de noviembre de 1837.

El 6 de noviembre de 1936 la caída de Madrid parecía inevitable. Las columnas republicanas llevaban desde el 4 de septiembre en Talavera de la Reina batiéndose en retirada. El legítimo Gobierno de la República se había refugiado en Valencia el mismo día 6. Un día después, el 7 de noviembre las filas del ejército de Franco llegaron a la periferia de Madrid para preparar el asalto final, que se produciría al día siguiente. No contaba el bando de Franco con la llegada de la XI Brigada, formada por voluntarios de medio mundo, ni con la resistencia del pueblo de Madrid.

"El día 8 los tres batallones [de las Brigadas Internacionales] viajaron en tren hasta la estación de Atocha. Tras una arenga del general Kléber, los batallones adoptaron posición de desfile y marcharon por la calle Atocha hasta el cine Monumental, donde posiblemente recibieron un breve refrigerio. Prosiguieron la marcha hasta la Puerta del Sol y, por Montera, hasta la Gran Vía, donde la gente había ido acudiendo para saludar aquella novedad en el frente. "¡Vivan los rusos!", fue el grito más escuchado en aquellas horas de tensa emoción", describe José Antonio Zarza, miembro del Grupo de Estudios del Frente de Madrid (Gefreme).

La llegada de las Brigadas Internacionales espoleó al pueblo de Madrid que al grito de "¡No pasarán!" se volcó en organizar la defensa de la ciudad. El jefe del Estado Mayor, Vicente Rojo, describió años más tarde la ola de entusiasmo y optimismo que recorrió Madrid y que fue publicada en Así fue la defensa de Madrid. "Una vigorosa reacción social que partía de los más bajos peldaños de la organización política y social, de la entraña del pueblo mismo… Se habían acabado las derrotas. Había que batirse y vencer, renunciado a cuanto fuera preciso y a las preocupaciones ajenas a la propia lucha", escribe.

Entre los miles de personas que dieron la bienvenida a las Brigadas Internacionales estaba Vicent Almudever, ciudadano hispano-francés de 94 años, que estuvo en el frente de Madrid, después preso en el campo de concentración de Albatera (Alicante) desde donde fue repatriado a Francia para volver al frente enrolado en las Brigadas Internacionales. "Fueron la salvación de Madrid. Si no hubieran contenido el avance de las tropas franquistas, la guerra habría acabado entonces. "Las Brigadas Internacionales demostraron que en el mundo entero hay una simpatía inmensa por la democracia y la libertad que aún perdura. En España se defendía eso. Ese es su valor", cuenta a Público Almudever en conversación telefónica desde su casa en Francia.

La despedida

En octubre de 1938, tras casi dos años de servicio en primera línea del frente, el Gobierno de Negrín decide disolver las Brigadas Internacionales y ordenar su retirada. El final de la guerra parecía cerca y llegó la hora de que los voluntarios retornaran a casa antes de que fueran demasiado tarde. En el acto de despedida a las Brigadas en Les Masíes (Tarragona) el 25 de octubre de 1938, Negrín agradeció la aportación de los voluntarios de la siguiente manera:

"Habéis venido a España, espontáneamente, a defender nuestro país: sin ninguna obediencia a jerarquía superior a vosotros: por vuestra propia voluntad de sacrificar lo que más difícilmente se presta a nadie: a sacrificar la vida. Veníais a defender la justicia, el derecho escarnecido, porque sabíais, también, que aquí, en España, se jugaba la libertad del mundo entero. (…) Cumplisteis como héroes en la lucha por la libertad del mundo en esos dos años que habéis vivido vinculados a nosotros, en horas inolvidables para la historia del nuestro pueblo".

Dolores Ibarruri también pronunció unas palabras de despedida y reconocimiento a los 35.000 voluntarios que llegaron sin haber sido llamados: "Podéis marchar orgullosos. Vosotros sois el heroico ejemplo de la solidaridad y la universalidad de la democracia. No os olvidaremos y cuando en el olivo de la paz vuelvan a brotar de nuevo las hojas, mezcladas con los laureles de la victoria, ¡volved!".

Conmemoración del 76 aniversario

Con motivo del 76 aniversario de la llegada a Madrid de las Brigadas Internaciones, la asociación de amigos de las Brigadas Internacionales ha organizado a lo largo de esta semana diferentes actos de homenaje en recuerdo de las 35.000 personas que llegaron a España desde 52 países del mundo para defender la democracia española. Al homenaje ha asistido el brigadista británico David Solomon, de 94 años, uno de los pocos brigadistas que restan con vida. "El único motivo por el que vine a España fue para luchar por la libertad. Ni por la izquierda, ni por la derecha. La única lucha es la lucha por la democracia", señala Solomon a Público durante el acto de conmemoración.

Los homenajes en Madrid no son los únicos que han recibido los brigadistas. Hace apenas unos días, Zurich ha inaugurado una placa homenaje en memoria de los 800 suizos que se desplazaron hasta España para luchar contra el fascismo. El autor de la placa, Bruno Kammerer, describió la importancia de las Brigadas Internacionales en apenas unas líneas.

"Para mí, en toda la historia de la humanidad hubo un solo momento en el que realmente se puso en práctica la solidaridad internacional. El pueblo español y los voluntarios llegados de medio mundo demostraron que la cultura de la solidaridad es posible. Pero luego nunca más se repitió algo igual. Creo que de esta época debemos aprender a aplicar la lucha solidaria en nuestro tiempo", recitó.

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Severiano Montero, miembro de la Asociación de amigos de las Brigadas Internacionales, construye un paralelismo entre la época que tocó vivir a los brigadistas y la época actual con "un futuro amenazado tanto por la barbarie fascista como por el capitalismo que amenaza con desplomarse y machacar los derechos de los trabajadores". "El fascismo ahora no viste camisas negras ni pardas, no botas ni correajes; pero hay un fascismo sibilino que quiere arrebatar los avances en el estado del bienestar y que va laminando cada vez más los derechos políticos. Su dominio es aplastante", explica a Público Montero.

Por ello, Severano Montero, profesor jubilado de historia, emplaza a la sociedad actual a mirarse en el espejo de los brigadista, personas capaces de sacrificar su vida por mejorar el futuro de los demás. "Los brigadistas mostraron la vía de luchar contra todo eso en su tiempo y quizá ahora nos haga falta referentes implosivos como ellos", sentencia.

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“En democracia tenían que haber pedido perdón a todo el que sufrió”

 

 

Salvador Puig Antich. Enviada por Grupo RMHSA de CGT.A.

Salvador Puig Antich. Enviada por Grupo RMHSA de CGT.A.

Inma, Carme, Montserrat y Merçona  llevan mucho tiempo encontrando cerradas las puertas de la justicia. Pero los años y las negativas no han desgastado el ánimo de las hermanas de Salvador Puig Antich, el joven catalán ejecutado a garrote vil en la cárcel Modelo de Barcelona el 2 de marzo de 1974. Miembro del grupo anarquista Movimiento Ibérico de Liberación (MIL), Salvador se vio envuelto en un tiroteo en el que tanto él como un policía salieron malheridos. Al joven anarquista le extrajeron dos balas de la mandíbula y del hombro y el policía murió en el hospital. Unos meses después, y tras el asesinato de Carrero Blanco por ETA, el Consejo de Ministros del 1 de marzo de 1974 firmó la sentencia de muerte pese al clamor popular que pedía su indulto. Las hermanas achacan la utilización del garrote vil a un acto de venganza.

Ahora, tras sumarse a la querella contra los crímenes franquistas interpuesta en  Buenos Aires en abril de 2010, estas mujeres comienzan a vislumbrar la luz al final del túnel. El sábado participaron en un acto promovido por la red AQUA, de apoyo a la investigación que realizan los tribunales argentinos sobre los delitos de la dictadura. Allí, ante un numeroso público explicaron su periplo judicial y narraron los hechos que condujeron a su hermano hasta la pena capital.

La querella que sigue su curso desde Buenos Aires ha supuesto un balón de oxígeno para las hermanas Puig Antich, cuya única petición a la justicia es "que se reconozca que el juicio a Salvador fue toda una pantomima". Momentos antes de intervenir en el acto de apoyo a la querella, celebrado en Madrid, Merçona y Carme relatan para Público lo que esperan del proceso judicial en el que se embarcaron el pasado verano, cuando enviaron su declaración a la jueza argentina que instruye el caso.

¿Cómo están viviendo este proceso judicial?

Merçona : Es muy importante para nosotras. Llevamos muchos años y siempre nos han quitado de encima. No sabíamos que estaba en marcha esta denuncia y nos avisaron desde La Comuna [colectivo de ex presos políticos]. Mandamos una declaración sobre cómo fueron los hechos para sumarnos a la querella.

"Él estaba seguro de que lo fusilarían y nos enteramos todos el mismo día que lo iban a hacer así"¿Qué le piden a la justicia?

Merçona: Que se reconozca que todo aquello fue una pantomima. Esa justicia era de todo menos justa. En el consejo de guerra que condenó a Salvador no había ni un solo abogado, todo eran cargos militares. Tampoco admitieron las pruebas de balística que aclaraban de qué arma eran las balas. Meses antes fue el asesinato de Carrero Blanco [presidente del Consejo de Ministros] y todo esto fue una venganza. Le tocó a él.

Carme: Cuando sucedió lo de Carrero Blanco fuimos a verlo y nos dijo 'ETA me ha hecho una putada'.

¿La venganza explica el ensañamiento que hubo al utilizar el garrote vil?

Carme: Él estaba seguro de que lo fusilarían y nos enteramos todos el mismo día que lo iban a hacer así. Estuvo muy entero en todo momento y al saberlo se vino abajo, según nos contó el abogado. Pero al rato logró reponerse un poco.

¿La película sobre el caso de Salvador (2006) refleja bien esos momentos?

Carme: No es película, es realidad.

"La gente tiene que saber lo que pasó, no se pueden enterrar las cosas sin más"

¿Han incorporado a la investigación los nombres de todos los implicados en su muerte?

Merçona: Llevamos ese tema con los abogados. Nosotras no recordamos todos los nombres de los vocales y militares pero estamos en ello.

¿Son optimistas?

Carme: Nos han dicho tantas veces que no que ahora, viendo todos los que estamos en esto, tenemos más fuerzas. Diez años después de su muerte acudimos al tribunal de Estrasburgo, pero nos lo denegaron porque España aún no estaba en la Unión Europea. Después, con ayuda de ERC,  se volvió a trabajar sobre el asunto, a pesar de las dificultades que hubo para acceder al sumario. Llevamos el caso ante el Supremo, y también nos lo denegaron. De ahí, acudimos al Constitucional, que también nos rechazó y, por último, volvimos a Estrasburgo, donde directamente no nos lo admitieron a trámite.

Merçona: Esto es una nueva vía de apoyo colectiva, lo que es muy importante. Incluso en la calle sentimos el apoyo de la gente. Cuando hay que dar el DNI en algún sitio y ven los apellidos nos preguntan, '¿ya lo habéis conseguido?'.

El caso de Salvador congregó un gran clamor popular.

Merçona: El doctor Puigvert, médico privado de Franco, trató de interceder por él llamándole la noche antes pero el dictador no quiso ponerse al teléfono, tenía que dormir.  

Ahora las víctimas del franquismo tienen que hacer frente a una voluntad política hostil hacia ellas.

Carme: No se quiere abrir la caja de pandora.  En una democracia tenían que haber pedido perdón a toda la gente que sufrió. No se han hecho las cosas bien.

Merçona: El pacto de silencio de la transición fue demasiado grande. Estaba todo muy reciente y los militares franquistas tenían un peso político muy importante.

¿Es necesaria la justicia para superar un episodio traumático?

Carme y Merçona : Para superarlo no porque hay cosas que no se superan nunca. Pero es historia, y la historia es parte de nuestras vidas. Tiene que saberse lo que pasó. La gente tiene que conocerlo. No se pueden enterrar las cosas sin más.

Y normalizar el debate.

Carme: Es difícil, pero sí hay que hablar mucho de las cosas. Los pactos de silencio se hacían en las propias familias debido al miedo. Nosotras lo vimos con nuestro padre que estuvo condenado a muerte durante la guerra.

Merçona: Es que esto lo puedes llevar, pero nunca te recuperas. Ese día lo tenemos muy presente aún.

El joven a quien quisieron matar dos veces

"El 23 septiembre de 1973, tras ser herido en un tiroteo con la policía, fue ingresado en el clínico de Barcelona. Allí le extrajeron dos balas de la mandíbula y del hombro. También ingresó un policía con múltiples heridas de bala recibidas en el mismo tiroteo que no llegó a sobrevivir". Así comienza la declaración que las hermanas Puig Antich remitieron el pasado verano a la jueza que instruye la investigación de los crímenes franquistas en Buenos Aires. En la misiva, las cuatro mujeres señalan aspectos claves que determinan las irregularidades del juicio. Así, relatan cómo la autopsia del policía fallecido tras el tiroteo no se practicó en el Clínico de Barcelona, sino en una comisaría donde los propios agentes llevaron el cuerpo sin justificar ese traslado. La prueba forense que allí le practicaron y que concretaba la procedencia de los disparos fue inculpatoria en el juicio contra Salvador. Cuando el joven anarquista se recuperó de las heridas, fue trasladado a la cárcel Modelo de Barcelona en régimen de aislamiento. En enero se celebró el juicio bajo jurisdicción militar. Un mes antes, ETA había matado a Carrero Blanco.

El fiscal pidió dos penas de muerte y el tribunal las ratificóEl tribunal militar no admitió las pruebas de balística ni los testimonios del hospital Clínico presentados por la defensa. Las pruebas de la acusación no eran concluyentes. "Todo fue una vergonzosa pantomima", señalan las hermanas en su declaración. El fiscal pidió dos penas de muerte y el tribunal las ratificó. A partir de ese momento, cada viernes por la tarde, día en que se celebraba el Consejo de Ministros, "la familia vivía una situación de congoja porque temíamos que Franco firmara la pena de muerte y ordenara su ejecución". Esto sucedió el viernes 1 de marzo de 1974. "A las nueve de la tarde comenzó la cuenta atrás; tras una noche llena de tragedia los funcionarios de la prisión se llevaron a Salvador para cumplir su pena". "La puntilla llegó cuando lo mataron: querían venganza y lo consiguieron",   advierten las hermanas en referencia al instrumento de tortura medieval utilizado, el garrote vil. A pesar del trágico suceso, la familia de Puig Antich deja claro que no ceja en la búsqueda de justicia: "No queremos olvidar".

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