Y cortaron las mejores rosas…

No me puedo dormir. No me acostumbro a este suelo frío, a este espacio ínfimo donde otras piernas y cabezas me rozan, donde huele a lejía y a sudor, donde agosto es oscuro y triste. Sé que es una noche especial y aunque nadie me ha dicho nada, hoy todo es más lóbrego y profundo. Presiento que algo horrible va a pasar.

Cinco de agosto de 1939. Hace pocos días que he cumplido veinte años, aquí en esta cárcel de mujeres. Una prisión donde tienes derecho a un ladrillo, un trozo de arpillera, un plato, una cuchara de metal y una cosa parecida a una almohada o a un cojín irregular. Una cárcel construida para 500 mujeres y en la que estamos 4000.

Las_Trece_Rosas

No sé por qué, pero me viene a la cabeza lo que ha pasado desde que estoy aquí. El interrogatorio, cuando me abofetearon, cuando me desnudaron y me pellizcaron los pecho. Luego me pelaron al cero y me hicieron beber medio litro de aceite de ricino. Querían que me declarara culpable de haber organizado un atentado contra Franco y no aceptaban el no por respuesta. Sin haber hecho nada.

Y aquí estoy, esperando una sentencia, que puede ser cualquier cosa. Porque lo que he hecho ha sido muy grave: Estar afiliada a las Juventudes Socialistas Unificadas, peor que haber sido una criminal para los franquistas.

Oigo ruido, se oyen pasos, parece que por el pasillo viene alguien. Está claro que a estas horas no puede ser otra cosa. En mi celda, se han empezado a despertar las otras compañeras, al sentir esas pisadas. Puedo ver a Manuela la carcelera, que va primero, y después, una, dos, tres… He contado hasta trece reclusas y después cerrando iba otra vigilanta. Sí, ahora las reconozco, son compañeras mías, compañeras de las Juventudes, a las que habían juzgado –por decir algo— hace un par de días.

No puede ser, se oyen sollozos, gritos ahogados, llantos íntimos, ahora las veo bien, entre ellas van amigas mías, Martina, Dioni, Carmen, Julia. Con ellas he repartido octavillas, vendido periódicos, cantado la Joven Guardia Roja en alguna reunión, hablado en multitud de ocasiones, hace poco, muy poco. Y hoy…

Ahora veo que todas mis compañeras están de pies, Gritan: “no hay derecho” “no han hecho nada” “asesinos”, hacen ruido con las cucharas y los platos. Nadie pensó que llegaría este momento. Sabíamos que las habían condenado, pero cómo matar a estas mujeres, sin pruebas, a menores de edad. En la celda múltiple el jaleo es inmenso, pero ellas ya han pasado, y todas volvemos al silencio, al llanto mudo, a las lágrimas.

Es un escarmiento, ahora lo entiendo, es una venganza por el asesinato del Comandante Gabaldón, hace una semana. No puede haber otra razón. No puede existir otra sinrazón. Como si ellas tuvieran la culpa. Estaban aquí, encerradas, cómo podían haberlo matado. Pero había que vengar ese asesinato con algo que doliera, con la muerte de jóvenes, aunque no tuvieran nada que ver.

Las trece rosas  Presos Rojos

La celda se ha vuelto más fría, más pequeña. El sudor y el llanto es inmenso, no hay quien duerma. Todas esperamos no oír lo que toca a continuación. La descarga del fusilamiento. Se ha hecho el silencio total. Todas estamos esperando. Son pocos minutos, si en pocos minutos no se ha oído es que no ha ocurrido. La espera es larga, se hace eterna, y sin embargo, las tapias del cementerio están a poco más de diez minutos de la cárcel. Pero llega.

Es el estallido de la rabia, de la desesperación, de la injusticia, de la muerte amiga, de la muerte ajena y de la muerte propia. Todas somos una. ¡Quien sabe mañana!

Hijo, recuérdalo, eran trece rosas rojas, trece inocentes jóvenes que tuvieron la mala suerte de encontrarse con un destino desgraciado, con un enemigo vil y sin piedad, injusto y cruel. Pude ser yo, pudo ser cualquiera de las que allí estábamos, no habían hecho algo distinto a lo que hice yo: pertenecer a las JJ.SS.UU. Ese fue su delito, ese y la mala suerte. Un día negro que no olvidaré. Y que tú no debes olvidar. Porque como escribió Julia Conesa, mi amiga Julia, una de las ajusticiadas, en su última carta, queda una misión por hacer:

¡QUE SUS NOMBRES NO SE BORREN DE LA HISTORIA!

Y sé que lo harás, porque llevan razón, porque hay que recordar hasta qué punto llegó ese régimen asesino. Porque estas historias, hijo, si no se repiten, se olvidan. Y eso no, a ellas y a tantos como a ellas, no se les puede olvidar. Eso sería, volver a perder la guerra.

Más o menos, poniéndolo en primera persona, haciendo trabajar a la memoria que a veces me falla, recreándolo, pero algo así, con este espíritu, mi madre, Carmen Almazán, me transmitió uno de los episodios más horrendos de la posguerra. Hoy hace setenta y dos años de ese crimen horrible. Y siempre me recordaba que ella pudo ser una de las trece, porque todas estaban allí por el mismo y único delito: Ser rojas.

Salud y República

Kabila

Red Progresista por la Defensa de la Sanidad y los Servicios Públicos

Homenaje a las Víctimas. Abril 2011.

Como cada año en el Cementerio de la Almudena tendrá lugar el Homenaje a las victimas de la Represión franquista en Madrid (aunque como siempre digo, para mi es un homenaje para todos, sean del rincón que sean), organizado por Memoria y Libertad. Siento no poder asistir, pero si vosotros tenéis la oportunidad no os lo perdáis.

¡Salud, Memoria y Libertad!

De nuevo en abril, como hace 80 años. Como cuando la primavera se convirtió en alegoría de la nueva República, de la esperanza y del resurgir de las gentes humildes de este país para reclamar su dignidad.

Querían tierra y trabajo, pan y vivienda, sanidad y educación, paz y cultura. Pero, sobre todo, un futuro de igualdad, libertad y fraternidad.

Demasiada insolencia para que los poderosos del capital, de la pistola y de la religión no dudaran en perpetrar los crímenes más horrendos en defensa de sus injustos privilegios.

Nos decía Dulce que “no se puede olvidar cuando te obligan” pero es que, además, no se debe.

De nuevo en abril, como hace 80 años, seguimos reclamando los mismos principios, pero también queremos que curen con verdad, justicia y reparación las heridas que taparon -con la idea de que no cicatrizaran nunca- y que quienes las provocaron no vuelvan a tener el poder para causarlas de nuevo.

Ni olvidamos a las víctimas del franquismo, ni olvidamos sus esperanzas.

Es lo nuestro.

El Rincón de la Memoria

Adiós a una de las últimas rosas de la Juventud Socialista Unificada

Fallece en Valencia a los 87 años Mari Carmen Cuesta, la ‘peque’, que sobrevivó al trágico suceso de las 13 Rosas fusiladas por la represión franquista

PUBLICO.ES Madrid 17/10/2010

Una foto de archivo de Carmen Cuesta.-  Víctor Lerena

Una foto de archivo de Carmen Cuesta.- Víctor Lerena

Mari Carmen Cuesta fue testigo de excepción de la crueldad con la que la dictadura franquista represalió a aquellos que no cometieron mayor delito que el de pertener al partido político que más se acercaba a su ideal de vida.

Al igual que las que fueron sus compañeras de prisión en la madrileña y abarrotada cárcel de mujeres de Ventas, Mari Carmen, la ‘peque’, militaba en la Juventud Socialista Unificada, motivo por el cual fue apresada y privada varios años de libertad.

A su salida de la cárcel, fue expulsada de Madrid, lo que la llevó hasta Valencia donde falleció ayer a los 87 años.

Como “muy buena persona y muy activa” la recuerda Gervasio Puerta, presidente de la Asociación de de Ex Presos y Represaliados Políticos Antifranquistas, entidad en la que Mari Carmen militó de forma “muy laboriosa”, ha explicado Gervasio a Público.es.

Juventud entre barrotes

Mari Carmen, la joven activista de Madrid, fue detenida por la Policía franquista y encarcelada en 1939 junto a un grupo de militantes de las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU) cuando tenía 16 años. Durante escasos meses compartió prisión en Ventas con sus compañeras y amigas de la organización política ya que pronto la injusticia y la sinrazón la separaron del trágico final que la dictadura tenía reservado para las muchachas madrilenas de la JSU.

El padre de Mari Carmen fue fusilado y sus restos aún los busca su hermana Ángela, de 91 años

El 5 de agosto, trece jóvenes mujeres, entre las que había 7 menores de edad, fueron fusiladas por pertenecer a esta organización en el paredón del Cementerio del Este (hoy cementerio de la Almudena, nombre con el que lo rebautizó Franco).

Tras su ejecución, las jóvenes pasaron a la historia con el nombre de ‘Las Trece rosas’. En realidad fueron 14 porque Antonia Torres, que se libró en ese momento porque en su expediente figuraba como ‘Antonio’, corrió la misma suerte meses después, en febrero de 1940.

Su historia fue reconstruida hace unos años en la novela de Carlos Fonseca, adaptada más tarde al cine. Carmen, al que el grupo de mujeres conocía como la ‘peque’ por ser la menor de todas ellas, fue condenada a 12 años y desterrada a 350 kilómetros de Madrid al recobrar la libertad. Fue entonces cuando comenzó su nueva vida en Valencia donde vivió con su hermana Angelita, que también había sido detenida y posteriomente liberada por no pertenecer a las JSU.

Búsqueda del padre

El drama de estas hermanas fue más allá de su reclusión en la cárcel de Madrid. Al padre lo fusilaron junto a otros 17 presos, y otro de los hermanos, piloto de la República, también fue encarcelado. Precisamente su hermana Angelita, de 91 años, sigue luchando por encontrar los restos de su padre.

La muerte de Mari Carmen ayer en Valencia, uno de los últimos testigos de esos primeros episodios de represión, ha conmocionado a representantes políticos de la izquierda como la Fundación Trece Rosas que, en palabras de su Presidente José Cepeda (PSM), la ha recordado como “una mujer irrepetible que con su aportación a la memoria colectiva de aquel hecho histórico, ha permitido que millones de españoles, 70 años más tarde, conozcan esa parte de la historia que estuvo silenciada por el caudillo”.

“Su nombre, sus ideas, su lucha, su trabajo hoy están más vigentes que nunca en Madrid, en España y en el mundo; y su memoria al igual que la de su padre y sus compañeras de las Juventudes Socialistas Unificadas, jamás será borrada ya de la historia” concluyó Cepeda, rememorando las palabras que dejó escritas una de las rosas, Julia Conesa, antes de morir: “Que mi nombre no se borre de la historia”.

Fuente: Público.

Se cumplen 71 años del fusilamiento

Representantes de la izquierda madrileña se citarán hoy en Cementerio de La Almudena para recordar a ‘Las 13 Rosas’

MADRID, 5 Ago. (EUROPA PRESS) -

Representantes de la izquierda madrileña se citarán este jueves en el Cementerio de La Almudena para recordar el asesinato de ‘Las 13 Rosas’ y de sus 43 compañeros militantes de las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU).

De este modo, el secretario general del PCM, Daniel Morcillo, una de las veteranas de las JSU, Concha Carretero, y representantes de la Fundación Trece Rosas del PSM y de la Memoria del PCM se darán cita este jueves, a las 11 horas, en el antiguo Cementerio del Este, en la Puerta O’Donnell.

Las Trece Rosas es el nombre colectivo que se le dio a un grupo de muchachas, fusiladas por el ejército franquista en Madrid el 5 de agosto de 1939, poco después de finalizar la Guerra Civil. En 1988 se colocó la primera placa conmemorativa en la tapia del cementerio de la Almudena, cerca de donde fueron fusiladas. Años después, en 2009, se conmemoró el 70 aniversario de su fusilamiento con otra placa en la que sí que aparecen el nombre y apellido de las Trece Rosas.

Desde el Partido Comunista de Madrid han explicado, a través de un comunicado, que su intención es unir este acto reivindicativo con la exigencia de justicia y reparación para todas las víctimas del franquismo.

A eso han añadido que seguirán trabajando “para que se anulen todas las sentencias de aquellos tribunales ilegales que juzgaron a los españoles hasta bien entrada la Transición y para que el sistema judicial español entre de oficio en la investigación sobre los crímenes cometidos por el franquismo y que aún siguen impunes, como desapariciones, muerte, exilio, inhabilitaciones o secuestro de niños”.

Fuente: Europa press.

Que mi Nombre no se Borre de la Historia (2)

Las Trece Rosas

Carmen Barrero Aguero (20 años, modista). Trabajaba desde los 12 años, tras la muerte de su padre, para ayudar a mantener a su familia, que contaba con 8 hermanos más, 4 menores que ella. Militante del PCE, tras la guerra, fue la responsable femenina del partido en Madrid. Fue detenida el 16 de mayo de 1939.

Martina Barroso García (24 años, modista). Al acabar la guerra empezó a participar en la organización de las JSU de Chamartín. Iba al abandonado frente de la Ciudad Universitaria a buscar armas y municiones (lo que estaba prohibido). Se conservan algunas de las cartas originales que escribió a su novio y a su familia desde la prisión.

Blanca Brisac Vázquez (29 años, pianista). La mayor de las trece. Tenía un hijo. No tenía ninguna militancia política. Era católica y votante de derechas. Fue detenida por relacionarse con un músico perteneciente al Partido Comunista. Escribió una carta a su hijo la madrugada del 5 de agosto de 1939, que le fue entregada por su familia (todos de derechas) 16 años después. La carta aun se conserva.

Pilar Bueno Ibáñez
(27 años, modista). Al iniciarse la guerra se afilió al PCE y trabajó como voluntaria en las casas-cuna (donde se recogía a huérfanos y a hijos de milicianos que iban al frente). Fue nombrada secretaria de organización del radio Norte. Al acabar la guerra se encargó de la reorganización del PCE en ocho sectores de Madrid. Fue detenida el 16 de mayo de 1939.

Julia Conesa Conesa (19 años, modista). Nacida en Oviedo. Vivía en Madrid con su madre y sus dos hermanas. Una de ellas murió de pena (por la muerte de su novio en las guerrillas) estando ella detenida. Se afilió a las JSU por las instalaciones deportivas que presentaban a finales de 1937 donde se ocupó de la monitorización de estas. Pronto se empleó como cobradora de tranvías, ya que su familia necesitaba dinero, y dejó el contacto con las JSU. Fue detenida en mayo de 1939 siendo denunciada por un compañero de su “novio”. La detuvieron cosiendo en su casa.

Adelina García Casillas (19 años). Militante de las JSU. Hija de un guardia civil viudo. Le mandaron una carta a su casa afirmando que sólo querían hacerle un interrogatorio rutinario. Se presentó de manera voluntaria, pero no regresó a su casa. Ingresó en prisión el 18 de mayo de 1939.

Elena Gil Olaya
(20 años). Ingresó en las JSU en 1937. Al acabar la guerra comenzó a trabajar en el grupo de Chamartín.

Virtudes González García (18 años, modista). Amiga de María del Carmen Cuesta (15 años, perteneciente a las JSU y superviviente de la prisión de Ventas). En 1936 se afilió a las JSU, donde conoció a Vicente Ollero, que terminó siendo su novio. Fue detenida el 16 de mayo de 1939 denunciada por un compañero suyo bajo tortura.

Ana López Gallego (21 años, modista). Militante de las JSU. Fue secretaria del radio de Chamartín durante la Guerra. Su novio, que también era comunista, le propuso irse a Francia, pero ella decidió quedarse con sus tres hermanos menores en Madrid. Fue detenida el 16 de mayo, pero no fue llevada a la cárcel de Ventas hasta el 6 de junio. Se cuenta que no murió en la primera descarga y que preguntó “¿Es que a mi no me matan?”.

Joaquina López Laffite (23 años). En septiembre de 1936 se afilió a las JSU. Se le encomendó la secretaría femenina del Comité Provincial clandestino. Fue denunciada por Severino Rodríguez (número dos en las JSU). La detuvieron el 18 de abril de 1939 en su casa, junto a sus hermanos. La llevaron a un chalet. La acusaron de ser comunista, pero ignoraban el cargo que ostentaba. Joaquina reconoció su militancia durante la guerra, pero no la actual. No fue conducida a Ventas hasta el 3 de junio, a pesar de ser de las primeras detenidas.

Dionisia Manzanero Salas (20 años, modista). Se afilió al Partido Comunista en abril de 1938 después de que un obús matara a su hermana y a unos chicos que jugaban en un descampado. Al acabar la guerra fue el enlace entre los dirigentes comunistas en Madrid. Fue detenida el 16 de mayo de 1939.

Victoria Muñoz García
(18 años). Se afilió con 15 años a las JSU. Pertenecía al grupo de Chamartín. Era la hermana de Gregorio Muñoz, responsable militar del grupo del sector de Chamartin de la Rosa. Llegó a Ventas el 6 de junio de 1939.

Luisa Rodriguez de la Fuente (18 años, sastra). Entró en las JSU en 1937 sin ocupar ningún cargo. Le propusieron crear un grupo, pero no había convencido aun a nadie más que a su primo cuando la detuvieron. Reconoció su militancia durante la guerra, pero no la actual. En abril la trasladaron a Ventas, siendo la primera de las Trece Rosas en entrar en la prisión.