Un libro recupera la memoria histórica de la Guerra Civil en Markina

COSTA

13.12.11 – 02:39 -M. A. | MARKINA.


El profesor de la UPV/EHU Patxi Juaristi ha recogido en el libro 'Markinako frontea' / 'El frente de Markina' los sucesos ocurridos en ese municipio durante la Guerra Civil, así como las vivencias de los vecinos de la localidad. El trabajo, que ha sido presentado en la recién finalizada Feria del Libro y el Disco Vasco de Durango, reconstruye los acontecimientos de aquellos años, así como de la posguerra con el fin de preservar la memoria de las víctimas del municipio.
La obra está basada en medio centenar de entrevistas a markinarras que sufrieron el conflicto y otras 68 a hijos y parientes próximos de damnificados de la guerra. El autor también ha examinado 200 libros y artículos, además de buscar información en once archivos y prensa de la época. Los primeros capítulos analizan lo sucedido en la Segunda República con el objetivo de ayudar a entender los hechos que tuvieron lugar en la Guerra Civil.
Por otra parte, la Casa Consistorial será escenario este viernes a las 20.00 horas de la presentación del trabajo realizado por el vecino de la localidad, Xabier Larrañaga, sobre la influencia de los Carmelitas en la vida cultural y social del municipio, sobre todo a partir de los últimos años del franquismo y en el desarrollo de la etapa conocida como Transición (1960-1985).
La investigación, realizada con la colaboración del Ayuntamiento y Eusko Ikaskuntza, plasma la influencia que esa orden religiosa ha tenido principalmente en tres aspectos; el nacimiento e impulso de la ikastola y de la asociación Zerutxu, la organización del congreso de bertsolaris y la creación de la asociación juvenil Sugar.
 

LA HIJA DEL GUDARI

CONCHITA EGUIDAZU, UNA MÉDICA VASCA EN ALBANIA

María Concepción Eguidazu Goyogana no fue una niña de la guerra estrictamente hablando, porque llegó a la Unión Soviética en la primavera de 1939, con 16 años de edad, y no residió en las Casas de niños españoles. Conchita, nacida en 1923 en Bilbao, era hija del ingeniero de caminos Manuel Eguidazu Garai, quien durante la Guerra Civil fue comandante del Batallón Facundo Perezagua, formado por comunistas.

Hecho prisionero por las tropas franquistas en la toma de Bilbao, Eguidazu fue el primer militar vasco que ejecutaron tras la caída de la capital vizcaína. Su fusilamiento en Santoña se convirtió en todo un símbolo y tuvo una amplia repercusión en los medios de comunicación republicanos.24

Manuel Eguidazu había presentado un plan de fortificaciones para Bilbao que no fue aceptado por el lehendakari Aguirre por tratarse del plan de un comunista. Eguidazu advirtió a Aguirre que el capitán de ingenieros Alejandro Goicoechea, constructor final de lo que se denominó El Cinturón de Hierro, era falangista, pero el presidente no le hizo caso y Goicoechea se pasó al bando franquista en febrero de 1937 llevándose consigo los planos de las defensas de la ciudad, lo que facilitó la toma de Bilbao por las tropas rebeldes cuatro meses después.25

Conchita conoció la crudeza de la guerra y vio morir a varias personas a su alrededor durante los combates que precedieron a la caída de Bilbao. Logró huir a Santander junto con su madre y sus dos hermanos, Beatriz y Juan Manuel. Allí tomaron un carguero, en el que formaban parte de un grupo de 500 niños evacuados. El barco sufrió el acoso de los submarinos franquistas y logró llegar a Burdeos gracias a que ostentaba el pabellón francés 26 Ya en este país, fueron internados en el refugio-colonia de Agen, en el departamento de Lot-et-Garonne, que era controlado por la CGT francesa y albergaba a 103 niños, que se encontraban acompañados por varias personas adultas.27 Durante los dos años que residieron en este campo, su madre, que era maestra, daba clases a los niños refugiados. El gobierno franquista reclamó al final de la Guerra Civil la repatriación de los niños del campo y Conchita, sus dos hermanos y su madre, fueron los únicos que consiguieron ser sacados clandestinamente del campo, evitando su regreso forzoso a España.28

Conchita en la Gran Guerra Patria

El 2 de mayo de 1939 se embarcaron en el buque María Uliánova, gemelo del Kooperatziia, que partió del puerto de Le Havre con rumbo a Leningrado. El barco llevaba a bordo a muchos dirigentes del PCE y nada más llegar a la URSS, el grupo fue trasladado a la Casa de reposo de los sindicatos soviéticos de Zanki próxima a Jarkov. Conchita, que antes de abandonar Bilbao estudiaba el bachillerato, quiso conocer lo que era el proletariado y marchó a trabajar con otros jóvenes evacuados durante un año a la fábrica de tractores de Jarkov, «Sierp i Mólot» (Hoz y Martillo). Más tarde, fue llamada a Moscú y reanudó sus estudios, alojándose en un colectivo de jóvenes compatriotas.29

Cuando comenzó la Gran Guerra Patria, Conchita quiso alistarse en el Ejército Rojo junto con otros jóvenes, pero su solicitud no fue aceptada y todos ellos se dedicaron a tareas de ayuda a la población de Moscú. Su grupo fue evacuado hacia Siberia cuando los alemanes se aproximaban a la capital, pero las autoridades soviéticas comprendieron que muchos españoles no soportarían las duras condiciones de vida de la región y acabaron trasladando a Samarcanda (Uzbekistán). Durante el interminable viaje en tren, que duró 42 días, Conchita atendió su primer parto, el de una mujer rusa que había perdido a su madre y a una hija en los bombardeos de Moscú y se dirigía a los Urales desprovista de equipaje. Las jóvenes vascas y españolas pasaron toda la noche después del parto preparando, a partir de sus propios camisones, ropa y pañales para la niña recién nacida, así como mantas y jerseys.30

Una vez en Samarcanda, estudió en el Técnico de Medicina. El regreso a Moscú tuvo lugar en diciembre de 1944. Esta vez el tren iba lleno de heridos y Conchita, que ya había terminado Ios estudios de enfermera y comadrona, colaboraba en las curas de los enfermos. En el tren viajaban cuatro jóvenes estudiantes de  medicina, tres mujeres, una de ellas Conchita, y un varón, quien posiblemente era Javier González Calabor. Dos integrantes del grupo se pasaron los ocho días que duró el viaje postrados por la malaria.31

La señora Konomi

Cuando ya residía en Moscú y estudiaba en el Instituto de Medicina núm. 1, Conchita fue requerida por unos albaneses para que les sirviera de intérprete, ya que no hablaban ruso y ella era la única persona del curso que dominaba el francés, segunda lengua de los estudiantes albaneses, a quienes también ayudaba en sus estudios. Entre ese grupo de albaneses conoció al que luego sería su marido, Grigor Konomi, que ya había terminado la carrera de Medicina en Grecia y se encontraba en Moscú perfeccionando su formación. Se casaron, pero Grigor fue reclamado en 1947 desde Albania y tuvo que regresar apresuradamente a su país. Conchita que se estaba especializando en Obstetricia y Ginecología, no pudo seguir a su marido porque no le permitían abandonar la URSS, tal como les pasaba a la mayoría de emigrados españoles.32

En diciembre de 1948 trabajaba de ginecóloga en el Instituto de Partos y Ginecología de la Academia de Ciencias Médicas de la URSS, calificativos con los que consta en una carta dirigida a Alejandro Casona, publicada en Mundo Obrero, de la que es uno de los jóvenes españoles firmantes.33 Manuel Tagüeña, a la sazón asesor militar en Yugoslavia y compañero de Artemio Precioso, casado con Beatriz Eguidazu, recuerda en sus memorias las dificultades que tuvo que soportar Conchita antes de que le permitieran salir de la URSS.34 Conchita y Grigor se comunicaban solamente a través de cartas y telegramas. Ella marchó a Albania en 1953 y comentaba que estuvieron separados «seis años, menos doce horas».35 Según Clarita Martínez, que estudiaba un curso por detrás de Conchita, ésta realizó los dos primeros cursos de la carrera en el Asia Central y el resto, en el Instituto de Medicina núm. 1 de Moscú, obteniendo la graduación en 1948.36

La primera ginecóloga de Albania

Conchita fue designada al llegar a Albania médico responsable del entonces único hospital obstétrico de Tirana y de toda Albania, y se le encargó formar al personal sanitario que se dedicaría a la especialidad. Hasta entonces solamente existían en el país dos médicos varones que ejercían como ginecólogos que poseyeran la titulación en Obstetricia. Mientras no pudo desenvolverse en la lengua albanesa, una comadrona que hablaba francés le sirvió de intérprete. Cuando en 1957 se inauguró la Universidad de Tirana, asumió el cargo de profesora de la cátedra de Ginecología. La misma Conchita refería que su marido y ella vivían muy poco tiempo en casa porque estaban a menudo por los pueblos de las montañas organizando la asistencia sanitaria. Durante muchos años se desplazó de día y de noche a los hospitales provinciales para operar a las enfermas graves y asistir en partos difíciles. Recorrió a pie todas las aldeas de la región de Tirana con el fin de crear consultorios para mujeres y a comienzos de los años ochenta, después de jubilarse, trabajó gratis durante un año para completar la formación del personal de diez consultorios en los barrios de Tirana y otros en las poblaciones de la comarca.37

Conchita vivió la atmósfera asfixiante en la que la dictadura de Enver Hoxha tenía sometida a la población del país. Un ejemplo de esta situación lo refiere el médico Manuel Arce, que visitó Albania como turista a comienzos de los años setenta. Una vez hubo llegado al país, llamó por teléfono desde su hotel a Conchita, marcando un número de tres cifras que le había proporcionado su hermano Juan Manuel Eguidazu. Conchita se puso al habla y tras una breve conversación en la que se mostró muy asustada, colgó bruscamente el teléfono.38

La tierra de la madre

No pasó ni un solo día de la vida de Conchita en el que ella no pensara en regresar a Bilbao. Realizó dos breves visitas en 1984 y 1986, pero no fue hasta 1992, después de la muerte de su marido, que había llegado a ser general del ejército albanés y cuando ya se había producido la apertura de Albania al exterior, que se trasladó con sus dos hijos a Madrid,39 en donde mu­rió en 1995.40 Padecía una enfermedad digestiva, posiblemente pancreática, pero no quiso operarse porque era cardiópata y le podrían surgir complicaciones tras la cirugía.41 Su abnegada y desinteresada labor en favor de los pobres ha sido comparada por los albaneses con la de su compatriota, la Madre Teresa de Calcuta. En 2005 le rindieron un homenaje póstumo y se inauguró en la Maternidad de Tirana un centro de salud para mujeres que lleva su nombre.42

Su tío era médico y a Conchita, cuando era niña, le gustaba acompañarle a visitar a los pacientes. Siempre mostró una inclinación hacia esta profesión y le atraía la idea de ayudar a traer nuevas vidas a este mundo. Cuando era pequeña, su madre le explicó que si venía una guerra tendría que saber comer de todo y un día encontró a Conchita comiendo hierba en el campo. A lo largo de su vida, si no tuvo que volver a comer hierba en alguna otra ocasión, sí que supo lo que era pasar hambre y todo tipo de penalidades.43

Conchita explica pasajes de su vida en el documental La tierra de la madre, realizado en 1993-1994 por Marcelo Expósito y José Antonio Hergueta. Su relato se alterna con imágenes de la Guerra Civil y de la evacuación de los niños españoles, comparadas con filmaciones de los años noventa, mostrando embarcaciones de emigrados albaneses. Asimismo, la película ofrece una grabación de la familia de Francisco Franco en la que su hija Carmencita habla al lado de sus padres, expresando el deseo de que todos los niños del mundo sean felices. La inclusión en el documental de la familia del dictador contrarió enormemente a Conchita. El título del documental se refiere a sus dos hijos que ya habían conocido «la tierra del padre», Albania, y ahora se disponían a vivir en «la tierra de la madre», España.44

Su hermana Beatriz, nacida en 1924, se casó con Artemio Precioso, destacado militar republicano exiliado en la URSS, el cual en los años setenta y ochenta, ya instalado en España fue impulsor del movimiento ecologista, siendo fundador y encargado de la sección española de Greenpeace.45

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24- «Comandante Manuel Eguidazu. Eran del Partido Comunista» (www.guerracivil.forumup. es/aboutl408-guerracivil.html).

25-.M. Expósito, J.A. Hergueta. La tierra de la madre. Película documental. Entrevista filmada a Conchita Eguidazu, MLK Producciones 1994. «Saturnino Calvo, memorias de un luchador»  www.groups.msn.com = 0&ID_Message = 246&LastModified =4675513124336771788). Testimonio de José Antonio Hergueta García.

26-. M. Expósito, J.A. Hergueta. La tierra de la madre. Película documental. Entrevista filmada a Conchita Eguidazu, MLK Producciones, 1994.

27-. G. Arrien, I. Goiogana. El primer exilio de los vascos. Cataluña, 1936-1939. Fundación Sabino Arana, Fundació Ramón Trias Fargas, Barcelona, 2002, p. 107.

28-. M. Expósito, J.A. Hergueta. La tierra de la madre. Película documental.  Entrevista filmada a Conchita Eguidazu, MLK Producciones, 1994.

29-. M. Expósito, J.A. Hergueta. La tierra de la madre. Película documental. Entrevista filmada a Conchita Eguidazu, MLK Producciones, 1994.

30-. M. Expósito, J.A. Hergueta. La tierra de la madre. Película documental. Entrevista filmada a Conchita Eguidazu, MLK Producciones, 1994.

31-. M. Expósito, J.A. Hergueta. La tierra de la madre. Película documental. Entrevista filmada a Conchita Eguidazu. MLK Producciones, 1994.

32-.M. Expósito, J.A. Hergueta. La tierra de la madre. Película documental. Entrevista filmada a Conchita Eguidazu. MLK Producciones, 1994.

33-.“Carta de los jóvenes españoles residentes en la URSS a Alejandro Casona”. Mundo Obrero, París, núm. 150, 30-12-1948, p. 2.

34-.Tagüeña Lacorte. Testimonio de dos guerras. Planeta, Barcelona 2005, p. 538.

35-.Expósito, J.A. Hergueta. La tierra de la madre. Película documental. Entrevista filmada a Conchita Eguidazu, MLK Producciones, 1994.

36-.Testimonio de Clara Martínez Álvarez.

37-. M. Expósito, J.A. Hergueta. La tierra de la madre. Película documental. Entrevista filmada a Conchita Eguidazu. MLK Producciones 1994. «Dedican un centro ginecológico de Tirana a una doctora española» www.informativos.telecinco.es/va/dn_25982.htm). Testimonio de José Antonio Hergueta García.

38-.Testimonio de Manuel Arce Forres. .. .

39-. M. Expósito, J.A. Hergueta. La tierra de la madre. Película documental. Entrevista filmada a Conchita Eguidazu. MLK Producciones, 1994. Testimonio de Manuel Arce Porres y José Antonio Hergueta García.

40-.«Dedican un centro ginecológico de Tirana a una doctora española  www.informativos.telecinco.es/va/dn_25982.htm)

41-.Expósito, J.A. Hergueta. La tierra de la madre. Película documental. Entrevista filmada a Conchita Eguidazu, MLK Producciones, 1994. Testimonio de José Antonio Hergueta García.

42-.“Dedican un centro ginecológico de Tirana a una doctora española  www.informativos.telecinco.es/va/dn_25982.htm).

43-.M. Expósito, J.A. Hergueta. La tierra de la madre. Película documental. Entrevista filmada a Conchita Eguidazu, MLK Producciones, 1994.

44-.M. Expósito, J. A. Hergueta. La tierra de la madre. Película docu­mental. Entrevista filmada a Conchita Eguidazu, MLK Producciones 1994. Testimonio de José Antonio Hergueta García.

45-. M. Tagüeña Lacorte. Testimonio de dos guerras. Planeta, Barcelo­na, 2005, p. 532.

Fuente: Iñaki Anasagasti

Una película narra la historia de las presas republicanas en Saturrarán

Una película narra la historia de las presas  republicanas en Saturrarán

Última actualización 22/10/2010@17:15:28 GMT+1

El filme, Estrellas que alcanzar, dirigido por Mikel Rueda, cuenta el drama de miles de mujeres encarceladas en el penal franquista de Saturrarán entre 1937 y 1944, cuyas penalidades han sido durante muchos años silenciadas. Algunas perdieron la vida mientras otras muchas tuvieron que sufrir el desgarro por separarles de sus hijos.

NUEVATRIBUNA.ES 22.10.2010

Emotiva, dramática y cruel como la vida misma, la que vivieron todas aquellas mujeres encarceladas en Saturrarán donde se las vejó y maltrató hasta límites insospechados. La película Estrellas que alcanzar, dirigida por Mikel Rueda, que se estrenó este jueves en el Coliseo de Bilbao, es un homenaje a todas aquellas presas, un retazo de la memoria de una de las etapas más negras de la reciente historia de España y un recordatorio de la crueldad con la que el régimen de Francisco Franco se ensañó con sus víctimas.

Saturrarán, entre Vizcaya y Guipúzcoa, a orillas del Cantábrico, fue a comienzos del siglo pasado un balneario de seminaristas que se convirtió en cuartel una vez iniciada la Guerra Civil. En diciembre de 1937, las tropas sublevadas tomaron las instalaciones convirtiéndolo en un penal de mujeres republicanas “altamente peligrosas”. Desde entonces y hasta el año 1944, unas cuatro mil presas de entre 16 y 80 años fueron recluidas en ese lugar. Según el registro, allí murieron 116 mujeres y 56 niños. Otros tantos fueron separados de sus madres por la fuerza mientras ellas sufrían los castigos de las monjas mercenarias.

En 2007, el Gobierno vasco quiso rendir homenaje a esas mujeres en un acto que contó con la intervención del entonces consejero de Vivienda y Asuntos Sociales, Javier Madrazo. Él mismo recuerda en su blog, tras asistir a la proyección de la première de la película, las palabras que pronunció rememorando algunos testimonios de presas:

“En diez días murieron treinta y dos criaturas en Saturrarán. El día que murió mi hija, las monjas dijeron: ¡un angelito que adorará Dios! ¡Esto es una gloria! Entonces yo les arranqué el tocado y les eché fuera. Y ellas no me dejaron ir al entierro”.

“El recuerdo más nítido que guardo de Saturrarán es la desesperación y el llanto de las madres que enterraban a sus hijas e hijos, o les despedían conscientes de que nunca más les verían. Era terrible, durante mucho tiempo, y todavía hoy, con casi noventa años, tengo pesadillas”.

Relatos anónimos que la película engarza para plasmar la vida ficticia de una de esas madres. Es una apuesta a favor de la memoria histórica, un largometraje de “cine comprometido”, tal y como destacó el productor de Baleuko, Eduardo Barinaga, que reabre las heridas pero que a la vez es un canto a la esperanza.

El filme cuenta las penurias que pasaron aquellas madres, hermanas e hijas de republicanos y las teorías que aplicó el psiquiatra del régimen, el Doctor Vallejo Nágera, para abolir el comunismo. Entre otras, separar a las madres de sus hijos para darlos en adopción a las familias falangistas o al Auxilio Social.

Cómplices de ese delirio fascista, las monjas cumplían a rajatabla las órdenes de los militares sublevados. Convertidas en vigilantes de las presas, las religiosas cometieron los más terribles atropellos contra los derechos humanos. Robaban los alimentos que enviaban los familiares, negaban la leche a los niños para su manutención, censuraban la correspondencia e inflingían los correspondientes castigos en celdas inundadas donde sus víctimas eran sometidas a dieta de pan y agua.

Estremecedor relato el de esta película que muestra un eslabón más de lo que fue el genocidio franquista, un genocidio que es necesario recordar aunque sólo sea para rendir homenaje a todas esas víctimas del horror.

Fuente: Nueva Tribuna.