Familiares de niños robados piden subvenciones a Aguirre

La asociación reclama un local para centralizar esfuerzos

D. BORASTEROS - Madrid – 14/02/2011

La asociación que agrupa a los familiares de niños supuestamente robados en hospitales, principalmente entre los años sesenta y setenta, pedirá hoy a la presidenta regional, Esperanza Aguirre, que se les deje un local y subvenciones para apuntalar su organización en Madrid. Anadir (Asociación Nacional de Afectados por Adopciones Irregulares) solicita ayuda después de recibir más de 1.000 peticiones en la Comunidad y de que se les colapsase la página de Internet. “Cada vez más gente quiere unir esfuerzos para buscar a sus hijos perdidos”, resume Rocío Cuerdo, responsable de la organización en Madrid.

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La historia de esta mujer se remonta más de 40 años atrás. Llegó a la antigua maternidad de O’Donnell en 1967. Tenía 17 años y siempre había vivido en Sevilla. “Me quedé embarazada y mi chico de entonces se acobardó”, recuerda. Su madre decidió entonces que toda la familia se trasladase a la capital.

El parto fue muy largo. Tras un día ingresada, los médicos deciden hacerle una cesárea. Curiosamente, a su madre le habían dicho que se marchase, que no se preveían novedades. “Se fue porque tenía un hermano ingresado en un hospital”.

Mientras aguardaba en la habitación llegó un sacerdote. “Arrepiéntete de tus pecados”, recuerda la mujer que le dijo. “Me asusté, pensé que venía a confesarme porque me iba a morir, pero de arrepentirme, nada, no me arrepentía de haberme quedado embarazada”. A las ocho de la mañana a su madre le dijeron que el bebé había muerto por un coma diabético. “Nunca me dieron los análisis”, cuestiona Cuerdo. El niño, según los facultativos, ya estaba a esa hora enterrado en el cementerio de La Almudena. A ella no le dijeron nada y a su madre le recomendaron a su madre que no se lo comunicase. “Le dijeron que me contase que el niño estaba en una incubadora por problemas”, recita la mujer, que tardó dos semanas en enterarse.

Representantes de Anadir se reunen el miércoles con el ministro de Justicia, Francisco Camaño. El pasado viernes fue el fiscal general del Estado, Cándido Conde-Pumpido, quien anunció la designación de un fiscal especial para llevar los 261 casos denunciados en España.

La diputada socialista y portavoz de Asuntos Sociales de ese partido en la Asamblea, Pilar Sánchez Acera, respalda las peticiones de los familiares. “El hecho de que miles de bebés fueran separados de sus familias y entregados a otras, sin más, es desgarrador”, considera la parlamentaria regional, que incide en que “hay que tener sensibilidad con estas víctimas y prestarles todo el apoyo”.

Diario El País

Madrid examina sus archivos sanitarios

La investigación del robo de niños en España

La comunidad inicia un estudio estadístico de fallecimientos entre 1961 y 1971

M. ALTOZANO - Madrid – 22/12/2010

imágenes MATSLa Comunidad de Madrid ha iniciado una investigación estadística en sus archivos sanitarios sobre el robo de niños durante el franquismo que después, supuestamente, eran dados en adopción.

La Comunidad de Madrid ha iniciado una investigación estadística en sus archivos sanitarios sobre el robo de niños durante el franquismo que después, supuestamente, eran dados en adopción. El objetivo, según una carta enviada a una de las familias afectadas, es estudiar y determinar la “oportunidad y pertinencia” para remitir el caso “a los órganos judiciales que sean competentes en esta cuestión”. La Fiscalía de la Audiencia Nacional anunció a los afectados hace dos semanas que se opondría a que el caso se investigara en ese tribunal, como propusieron dos juzgados de Madrid, pero se dirigió al Ministerio de Justicia para que les ayudara en sus pesquisas. Ayer mismo, los familiares solicitaron una entrevista con el ministro Francisco Caamaño.

La plataforma de afectados asegura que tiene documentados unos 300 casos de robos cuyo supuesto falso fallecimiento se comunicó a sus padres y que luego fueron entregados en adopción a otras familias. Tras la inhibición de dos jueces a favor del juzgado Central de Instrucción número 5 de la Audiencia Nacional -desde el que el juez Baltasar Garzón lanzó la mayor investigación sobre los crímenes de la Guerra Civil y la dictadura- el caso está pendiente de que la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo decida a qué órgano judicial corresponde la competencia para investigar el caso.

En su carta al Ministerio de Justicia, el fiscal jefe de la Audiencia Nacional, Javier Zaragoza, explicó que los delitos denunciados por los familiares no se encontraban en el catálogo de los que corresponde investigar y juzgar a la Audiencia Nacional, pero apoyándose en la Ley de Memoria Histórica, solicitó al ministerio que apoyara “sus legítimas pretensiones” mediante la creación de una oficina específica de atención a las víctimas de estos robos así como “la adopción de las normas reglamentarias precisas que faciliten la investigación” de esos casos.

La Subdirección General de Archivos, dependiente de la Vicepresidencia de la Comunidad de Madrid ha iniciado un estudio estadístico sobre “los fallecimientos de bebés producidos en la Maternidad Provincial de Madrid durante la década comprendida entre 1961 y 1971″. Además de ese centro, los supuestos robos también se produjeron en otro centro madrileño, el hospital de San Ramón, también cerrado.

Uno de los primeros casos investigados es el de Beatriz Soriano, supuestamente fallecida de otitis tras su nacimiento, en enero de 1964. La comunidad ha enviado a su hermana Mar Soriano, coordinadora de la plataforma de afectados, los asientos de otros bebés fallecidos en las mismas fechas, algunos de ellos por esa misma enfermedad que, según Alfonso Delgado, ex presidente de la Asociación Española de Pediatría, es difícil que pueda producir por sí sola y sin ninguna complicación, la muerte de un bebé.

Fuente:El País (imágenes MATS)

Fuente: MATS

Aquí se rescata la memoria y en América Latina vuelve el pasado

“Lo llevaron a bautizar y no me lo devolvieron. Yo reclamaba el niño, y que si estaba malo, que si no estaba. No lo volví a ver”. El año pasado DIAGONAL fue uno de los primeros medios de comunicación en dar voz a los testimonios de los padres y madres cuyos niños (más de 30.000) fueron robados durante el Franquismo. Un crimen perpetrado desde las altas instancias del Estado y que todavía no se conoce al 100% porque la Iglesia sigue reteniendo la información. En la misma línea trabajó DIAGONAL con su entrevista al periodista Joan Cantarero, quien señalaba la complicidad del Estado español en la ocultación de altos cargos del nazismo. “Este país sigue siendo un refugio de nazis”, afirmaba Cantarero.

Mientras aquí se intentaba investigar el pasado, éste volvió a América Latina en su forma más turbia. En Honduras un golpe de Estado tumbó al Gobierno elegido en las urnas y el régimen surgido de él ha quedado impune. Frente a la tibieza o complicidad de los medios oficiales españoles, DIAGONAL no dudó en contar lo que pasaba y recoger los testimonios de los hondureños que se opusieron y se siguen oponiendo al golpe.

Esta semana también destacamos, entre otros asuntos, el especial de la sección Culturas sobre lecturas infantiles. DIAGONAL, con la colaboración del escritor Santiago Alba Rico, ponía atención sobre varios títulos de literatura infantil con una escala de valores diferente a la literatura convencional.

Fuente: Diagonal.

DESAPARICIONES | LA ASOCIACIÓN DERECHO A SABER DA CUENTA DE MÁS CASOS

Los 30.000 menores robados del Franquismo

El robo de niños fue sistemático en cárceles, hospicios y maternidades. 70 años después no se saben todos los datos. Los tiene la Iglesia en sus archivos y ninguna ley le obliga a abrirlos.
María José Esteso Poves / Madrid
Miércoles 6 de mayo de 2009.  Número 101

“Lo llevaron a bautizar y no me lo devolvieron. Yo reclamaba el niño, y que si estaba malo, que si no estaba. No lo volví a ver”. Éste es el testimonio de Emilia Girón, que dio a luz en el hospital de la cárcel de Salamanca en 1941. Su delito, ser hermana de un guerrillero. Este caso y otros están recogidos en el auto de Garzón tras la denuncia presentada en la Audiencia Nacional por la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH). En el auto se dice que los niños perdidos son víctimas del Franquismo y que había un plan de desapariciones para eliminar oponentes. La Fiscalía declaró a Garzón no competente.

El caso de Emilia Girón no es único, se calculan más de 30.000 los niños robados a familias “no afectas”. 70 años después poco se sabe de aquel episodio aberrante de la dictadura. Irredentas (2002) de Ricard Vinyes recompone el puzzle. Vinyes basó parte de su investigación en testimonios de presas recogidos por Tomasa Cuevas, también presa.

Después de la guerra, la represión fue brutal. Miles de personas fueron encarceladas e incluso se habilitaron conventos como prisiones. A ellas fueron a parar muchas mujeres.

La cárcel de Ventas, concebida como un edificio moderno por Victoria Kent, se convirtió en un lugar infame. Tomasa Cuevas lo describe como un gigantesco almacén de mujeres. Antonia García dice: “Sólo recuerdo la locura de mi primer día en la sala de prisión: un sitio para 500 personas albergaba a 11.000. Las mujeres se tiraban al suelo a la vez, no había más sitio”.

Las presas vivían hacinadas con sus hijos y, pronto, la masificación supuso un problema, no humanitario, sino económico y administrativo. Mirta Núñez Balart, historiadora, calcula que en 1939 había 280.000 presos. Hoy con el doble de población son unos 60.000.

Las embarazadas con pena de muerte eran fusiladas nada más dar a luz, como relata Carlos Fonseca en Trece rosas rojas. Trinidad Gallego, matrona, fue encarcelada y ayudó a parir a sus compañeras de prisión. A sus 95 años recuerda para DIAGONAL que “allí los niños los disfrutaba la Topete [la directora María Topete]. Las madres estaban separadas de sus hijos, si devolvían, ellas no podían cuidarlos. Sarna, piojos, sin apenas comida ni agua. Morían muchos. Con tres años se los llevaban, si tenían familia, pero entonces todos estaban en la cárcel e iban a parar a los hospicios o no se sabe”.

En los ‘40 se abrió una prisión para madres lactantes en Madrid. Las presas pensaron que las condiciones mejorarían. Mercedes Núñez, presa política, dice en Mujeres caídas de Mirta Núñez: “Ninguna madre podía cuidar de su hijo. Los niños vivían separados en un patio aparte y ellas trabajaban en talleres más de diez horas diarias”. En Santurrán (País Vasco) las monjas mandaron salir a las presas al patio. Cuando volvieron, sus hijos habían desaparecido. Ya no existían, no habían sido inscritos en el registro de entrada.

Teorías de inspiración nazi
El rapto se convirtió en ‘legal’ por la Orden de 30 de marzo de 1940 que da la patria potestad al Estado. El general y médico Vallejo Nájera, formado en Alemania e ideólogo del régimen, afirmaba que era necesario “extirpar el gen marxista” y recomendaba el traslado de los niños a hospicios para “la eliminación de los factores ambientales que conducen a la degeneración”. Para ello, aplicó descargas eléctricas a los presos y otros experimentos.

La Iglesia regía todos los órdenes de la vida, los internados moldeaban a los niños, mientras el régimen los presentaba como “sacados de la miseria material y moral”. Victoriano Ceruelo, de 65 años, estuvo en Zamora: “Desde los cinco años, todos los días nos levantaban a las 5h. de la mañana para ir a misa. Los domingos venían familias y las monjas nos ponían en fila. Y decían ‘me gusta ése’, y se lo llevaban. Un día me tocó a mí, pero él le daba mala vida a mi madre y ella se suicidó”. Hasta hace poco iba cada año a preguntarle a la superiora quiénes eran sus padres. Ella le decía: “No tienes derecho a remover”.

El 4 de diciembre de 1941 una ley autorizó cambiar los apellidos “si no se pudiera averiguar el Registro Civil en que figuren inscritos los nacimientos de los niños que los rojos obligaron a salir de España y que sean repatriados [23.000 volvieron]. Igual inscripción se hará a los niños cuyos padres y demás familiares murieron o desaparecieron durante el Glorioso Movimiento Nacional”.

Fernando Magán, abogado de la ARMH, señala que “eso es la transposición de un decreto nazi a España. Lo que subyace es el exterminio de una clase social, los rojos. La eliminación de las ideas por la vía del exterminio de las personas. Hubo un momento –continúa Magán– en el que se instruyó a la policía judicial para abrir los archivos parroquiales. Pero la sala de lo penal, la misma que condenó a Scilingo, cerró sumario”.

También el orden moral impuesto repudiaba a las mujeres si su unión no era bendecida. En el programa de Paco Lobatón (TVE) ¿Quién sabe dónde? afloraron miles de casos. Sensibilizado, Lobatón fundó Derecho a Saber (ANDAS), junto a varias afectadas. A partir de ahí, el programa fue incómodo.

El caso de María Fe Fernández (Pamplona) se resolvió en la tele. La suya fue madre soltera: “Si se quedaban embarazadas iban a parar al convento hasta que daban a luz, luego a la maternidad, allí el capellán hacía las gestiones. Las engañaban y los hijos iban para militares, ricos o familias humildes (a cargo de curas)”. Dice que hay casos en Argentina, Italia, Alemania o Austria.

Avanzada la dictadura el secuestro de bebés continúa. Ahora, Mar Soriano busca a su hermana. Su madre falleció hace unos días. “Mi hermana nació en 1964 en la Maternidad de O’Donnell (Madrid), parecía sana, pero la metieron en la incubadora y un día le dijeron a mis padres que había muerto y que ya la habían enterrado. Ellos estaban aturdidos, eran gente humilde y no sabían qué hacer. Les dieron la partida de defunción y decía que un general mandó enterrarla. A mí me contaron que mi hermana murió. Por mi trabajo doy conferencias en el extranjero para personas sordas. Y en 1997, en Austria, se me acercó alguien que me dijo que conocía a mi familia en Klangerfür, que si el padre era alemán, su hija era igual a mí, mi misma cara, pelo… Dije que no. Hace unos meses empecé a atar cabos”. También desconocía el caso de una madre que ha localizado en Austria a su bebé robado en Madrid. La Iglesia tiene los archivos, pero ninguna ley obliga a abrirlos.

Fuente: Diagonal.

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“Lo llevaron a bautizar y no me lo devolvieron. Yo reclamaba el niño, y que si estaba malo, que si no estaba. No lo volví a ver”. Éste es el testimonio de Emilia Girón, que dio a luz en el hospital de la cárcel de Salamanca en 1941. Su delito, ser hermana de un guerrillero. Este caso y otros están recogidos en el auto de Garzón tras la denuncia presentada en la Audiencia Nacional por la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH). En el auto se dice que los niños perdidos son víctimas del Franquismo y que había un plan de desapariciones para eliminar oponentes. La Fiscalía declaró a Garzón no competente.

El caso de Emilia Girón no es único, se calculan más de 30.000 los niños robados a familias “no afectas”. 70 años después poco se sabe de aquel episodio aberrante de la dictadura. Irredentas (2002) de Ricard Vinyes recompone el puzzle. Vinyes basó parte de su investigación en testimonios de presas recogidos por Tomasa Cuevas, también presa.

Después de la guerra, la represión fue brutal. Miles de personas fueron encarceladas e incluso se habilitaron conventos como prisiones. A ellas fueron a parar muchas mujeres.

La cárcel de Ventas, concebida como un edificio moderno por Victoria Kent, se convirtió en un lugar infame. Tomasa Cuevas lo describe como un gigantesco almacén de mujeres. Antonia García dice: “Sólo recuerdo la locura de mi primer día en la sala de prisión: un sitio para 500 personas albergaba a 11.000. Las mujeres se tiraban al suelo a la vez, no había más sitio”.

Las presas vivían hacinadas con sus hijos y, pronto, la masificación supuso un problema, no humanitario, sino económico y administrativo. Mirta Núñez Balart, historiadora, calcula que en 1939 había 280.000 presos. Hoy con el doble de población son unos 60.000.

Las embarazadas con pena de muerte eran fusiladas nada más dar a luz, como relata Carlos Fonseca en Trece rosas rojas. Trinidad Gallego, matrona, fue encarcelada y ayudó a parir a sus compañeras de prisión. A sus 95 años recuerda para DIAGONAL que “allí los niños los disfrutaba la Topete [la directora María Topete]. Las madres estaban separadas de sus hijos, si devolvían, ellas no podían cuidarlos. Sarna, piojos, sin apenas comida ni agua. Morían muchos. Con tres años se los llevaban, si tenían familia, pero entonces todos estaban en la cárcel e iban a parar a los hospicios o no se sabe”.

En los ‘40 se abrió una prisión para madres lactantes en Madrid. Las presas pensaron que las condiciones mejorarían. Mercedes Núñez, presa política, dice en Mujeres caídas de Mirta Núñez: “Ninguna madre podía cuidar de su hijo. Los niños vivían separados en un patio aparte y ellas trabajaban en talleres más de diez horas diarias”. En Santurrán (País Vasco) las monjas mandaron salir a las presas al patio. Cuando volvieron, sus hijos habían desaparecido. Ya no existían, no habían sido inscritos en el registro de entrada.

Teorías de inspiración nazi
El rapto se convirtió en ‘legal’ por la Orden de 30 de marzo de 1940 que da la patria potestad al Estado. El general y médico Vallejo Nájera, formado en Alemania e ideólogo del régimen, afirmaba que era necesario “extirpar el gen marxista” y recomendaba el traslado de los niños a hospicios para “la eliminación de los factores ambientales que conducen a la degeneración”. Para ello, aplicó descargas eléctricas a los presos y otros experimentos.

La Iglesia regía todos los órdenes de la vida, los internados moldeaban a los niños, mientras el régimen los presentaba como “sacados de la miseria material y moral”. Victoriano Ceruelo, de 65 años, estuvo en Zamora: “Desde los cinco años, todos los días nos levantaban a las 5h. de la mañana para ir a misa. Los domingos venían familias y las monjas nos ponían en fila. Y decían ‘me gusta ése’, y se lo llevaban. Un día me tocó a mí, pero él le daba mala vida a mi madre y ella se suicidó”. Hasta hace poco iba cada año a preguntarle a la superiora quiénes eran sus padres. Ella le decía: “No tienes derecho a remover”.

El 4 de diciembre de 1941 una ley autorizó cambiar los apellidos “si no se pudiera averiguar el Registro Civil en que figuren inscritos los nacimientos de los niños que los rojos obligaron a salir de España y que sean repatriados [23.000 volvieron]. Igual inscripción se hará a los niños cuyos padres y demás familiares murieron o desaparecieron durante el Glorioso Movimiento Nacional”.

Fernando Magán, abogado de la ARMH, señala que “eso es la transposición de un decreto nazi a España. Lo que subyace es el exterminio de una clase social, los rojos. La eliminación de las ideas por la vía del exterminio de las personas. Hubo un momento –continúa Magán– en el que se instruyó a la policía judicial para abrir los archivos parroquiales. Pero la sala de lo penal, la misma que condenó a Scilingo, cerró sumario”.

También el orden moral impuesto repudiaba a las mujeres si su unión no era bendecida. En el programa de Paco Lobatón (TVE) ¿Quién sabe dónde? afloraron miles de casos. Sensibilizado, Lobatón fundó Derecho a Saber (ANDAS), junto a varias afectadas. A partir de ahí, el programa fue incómodo.

El caso de María Fe Fernández (Pamplona) se resolvió en la tele. La suya fue madre soltera: “Si se quedaban embarazadas iban a parar al convento hasta que daban a luz, luego a la maternidad, allí el capellán hacía las gestiones. Las engañaban y los hijos iban para militares, ricos o familias humildes (a cargo de curas)”. Dice que hay casos en Argentina, Italia, Alemania o Austria.

Avanzada la dictadura el secuestro de bebés continúa. Ahora, Mar Soriano busca a su hermana. Su madre falleció hace unos días. “Mi hermana nació en 1964 en la Maternidad de O’Donnell (Madrid), parecía sana, pero la metieron en la incubadora y un día le dijeron a mis padres que había muerto y que ya la habían enterrado. Ellos estaban aturdidos, eran gente humilde y no sabían qué hacer. Les dieron la partida de defunción y decía que un general mandó enterrarla. A mí me contaron que mi hermana murió. Por mi trabajo doy conferencias en el extranjero para personas sordas. Y en 1997, en Austria, se me acercó alguien que me dijo que conocía a mi familia en Klangerfür, que si el padre era alemán, su hija era igual a mí, mi misma cara, pelo… Dije que no. Hace unos meses empecé a atar cabos”. También desconocía el caso de una madre que ha localizado en Austria a su bebé robado en Madrid. La Iglesia tiene los archivos, pero ninguna ley obliga a abrirlos.

Texto: Diagonal Periodico (06-05-2009)

Video: Informe Semanal TVE (07-12-2008)

LOS NIÑOS PERDIDOS DEL FRANQUISMO

La generación que vivió la Guerra Civil española se extingue. Los llamados vencidos, los perdedores, apenas han podido dar su versión de los hehcos, sobretodo de acontecimientos tan terribles como los que se explican en el documental. Es ahora o nunca.

Han hecho falta más de 25 años después de la muerte del dictador para que algunos de los afectados hablen por primera vez delante de una cámara de televisión sobre la muerte por inanición y enfermedad de centenares de criaturas en las cárceles, de la desaparición de sus hijos, de decretos que cambiaban los apellidos de los niños sin el consentimento de los padres, de adopciones irregulares.

Casi un año de investigación, contactos con un centenar de personas, 30 entrevistas, búsquedas en archivos españoles y del extranjero….Todo esto para dar luz sobre unos hechos que se habían mantenido cerrados en el silencio de la represión de Franco.

Sufriendo una especie de síndrome como el que explicaba Primo-Levi después de su experiencia en los campos de concentración de la Alemania nazi, algunos de los personajes que intervienen en el documental no habíaen podido hablar nunca, no habían podido denunciar nunca los abusos a que fueron sometidos. Primero por la misma dictadura. Después porque nadie se habría creído que estas barbaridades, más propias de latitudes lejanas como Chile o Argentina, hubieran pasado aquí.

Como dicen algunos historiadores, la excepcionalidad de la guerra civil española no es la guerra en sí misma, sinó la duración e intensidad de una represión que contó, como en ningún otro sitio, con la colaboración de la Iglesia católica y que se extendió hasta la misma muerte de Franco.