La memoria tiene quien le escriba

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La memoria tiene quien le escriba

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El Estado financiará con 56.200 euros dos proyectos de la Universidad de Oviedo centrados en las víctimas de la tortura bajo la dictadura franquista y en la geografía de la represión durante los años de la guerra civil en Asturias


 

08/12/2011 00:00 /

Está por ver si la agenda oculta de Rajoy y sus posibles recortes darán al traste con las subvenciones destinadas a actividades relacionadas con las víctimas de la guerra civil y el franquismo, pero por lo menos el próximo año la memoria histórica en Asturias sí tendrá quien le escriba, lo que permitirá dar continuidad a trabajos iniciados ya hace algunos años.

El Ministerio de la Presidencia aprobó días atrás la concesión de estas ayudas que incluyen dos proyectos presentados por la Universidad de Oviedo y que recibirán un total de 56.200 euros. Ambos trabajos de investigación, según recoge el Boletín Oficial del Estado (BOE), deberán estar concluidos en diciembre del próximo año.

El primero de los proyectos lleva por título Represaliados políticos y resistentes antifranquistas. Víctimas de la tortura en Asturias . El trabajo, que recibirá una ayuda económica de 28.200 euros, tiene como invetsigador principal al profesor de Historia Contemporánea de la Universidad de Oviedo Rubén Vega y cuenta con la colaboración del periodista y realizador gijonés Alejandro Zapico.

El otro proyecto aprobado por el Ministerio de la Presidencia, con una dotación de 28.000 euros, tratará sobre la Geografía y la memoria de la represión. El trabajo estará dirigido por el geógrafo y profesor universitario Sergio Tomé, quien estará apoyado por la historiadora Amaya Caunedo, quien ya trabajó en la redacción del mapa de las fosas de la guerra civil en Asturias y que cuenta con trabajos centrados en este período histórico. Ambos trabajos suponen el 1% del total de ayudas concedidas por el Estado para la memoria histórica que suman 5,6 millones de euros y que permitirán financiar un total de 190 proyectos en toda España.

Las ayudas aprobadas por el Estado llegan después de que en el mes de agosto el Ayuntamiento de Gijón, gobernado por Foro Asturias, anunciara la rescisión de un convenio con la Universidad de Oviedo para investigar la represión franquista a partir de la fosa común del Sucu, ubicada en el cementerio de gijonés de Ceares.

“Queremos recoger testimonios de personas torturadas”, indicó el profesor Rubén Vega, quien añadió que su proyecto abarcará un amplio período cronológico que va desde el final de la guerra civil hasta la década de los años 70 del siglo pasado, coincidiendo con la denominada transición, una vez ya fallecido el dictador. “Vamos a ocuparnos de distintos episodios y de distintos perfiles”, señaló Vega en alusión a las víctimas de la represión bajo la dictadura franquista. En todo caso, según el investigador principal del proyecto Represaliados políticos y resistentes antifranquistas. Víctimas de la tortura en Asturias, los casos que serán estudiados, o bien afectaron a asturianos o tuvieron como escenario esta región.

En cuanto a Geografía y memoria de la represión , este proyecto permitirá dar continuidad al mapa de las fosas, levantado entre 2003 y 2010 por un equipo de investigadores del departamento de Historia Contemporánea de la Universidad de Oviedo, dirigidos por la profesora Carmen García. El mapa de fosas incluyó más de 300 de estos enterramientos, repartidos en 54 de los 78 municipios asturianos.

“Ahora se insistirá en cuestiones relacionadas con la geografía de esa represión”, explicó la historiadora Amaya Caunedo, una de las personas que trabajarán en este nuevo proyecto vinculado al departamento de Geografía.

“Hasta ahora era un trabajo positivista basado en datos, ahora se abordará un análisis más exhaustivo de todas las víctimas de la guerra civil en Asturias”, señaló Amaya Caunedo tras cifrar en “más de 26.000 personas” el número de fallecidos por parte de los dos bandos a lo largo de los quince meses durante los que se prolongó el conflicto bélico en Asturias, el último baluarte republicano del frente norte.

Durante los años en los que se llevó a cabo el mapa de las fosas de la guerra civil, los investigadores de la Universidad de Oviedo llevaron a cabo un amplio trabajo de vaciado de los archivos. Además de incorporar nuevas fosas que se conocieron tras la presentación del mapa en octubre de 2010, el proyecto incluye la sistematización de todos esos datos, su comparación entre municipios y zonas de Asturias, así como un amplio trabajo estadístico.

La Voz de Asturias

Exhumados los restos de tres guerrilleros antifranquistas asesinados en 1949

EN RETUERTA DE BULLAQUE (CIUDAD REAL)

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica entrega este sábado los restos que fueron encontrados en marzo de 2010. Los tres serán inhumados, uno en la sepultura de su madre, otro en la de la que fue su mujer y el tercero en un panteón familiar.
nuevatribuna.es | 21.01.2011

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) entrega este sábado, a las 11 de la mañana, en el salón municipal de Saceruela (Ciudad Real), los restos de los tres guerrilleros antifranquistas que fueron exhumados en la localidad de Retuerta de Bullaque el pasado mes de marzo.

Se trata de: José Méndez Jaramago, “el manco de Agudo”, de 34 años y natural de Higuera de Vargas (Badajoz) pero avecindado en Agudo (Ciudad Real); Honorio Molina Merino “Comandante Honorio”, de 31 años, natural de Villarta de los Montes (Badajoz) y también residente en Agudo; y de Reyes Saucedo Cuadrado, también de 31 años, nacido y residente en la misma localidad que los anteriores
.

La grupo de guardias civiles los asesinó el 12 de marzo de 1949, tras sorprenderles calentándose en un chozo de la Sierra del Carrizal. En aquel lugar habitaba un carbonero, que hacía de enlace de los guerrilleros y había sido previamente amenazado por las fuerzas represoras para que les denunciara.

Posteriormente, los tres cadáveres fueron trasladados a la Retuerta del Bullaque y enterrados en una fosa anónima en la zona civil del cementerio de la localidad. La información aportada por los vecinos de la zona permitió ubicar el lugar. Por otro lado, los datos del registro civil de la localidad han permitido a la ARMH confirmar las identidades de las tres víctimas y la fecha en la que se produjeron los asesinatos.

Los trabajos de exhumación fueron dirigidos por el arqueólogo René Pacheco y en ellos participaron varios miembros de la ARMH como voluntarios. La identificación posterior corrió a cargo del forense José Luis Prieto.

Los familiares que acudirán a recogerlos ya tienen previsto el lugar que han elegido para enterrarlos: José Méndez Jaramago junto a su madre, en Higueras de Vargas (Badajoz); Reyes Saucedo Cuadrado será inhumado en Saceruela, junto a la que fuera su mujer y Honorio Molina Merino en Villarta de los Montes (Badajoz), en un panteón familiar.

Mapa de la represión en la posguerra

REPORTAJE: La Memoria Histórica en Madrid

Un doctorando de la UNED reconstruye la red donde se perdía el rastro de los presos

RAFAEL FRAGUAS - Madrid – 02/05/2010

Apoyo oficial -sin fondos- prometido esta semana por la presidenta regional para poderlos buscar tantos años después. Los desaparecidos de la Guerra Civil y el franquismo en la Comunidad de Madrid siguen siendo en gran medida una incógnita. Fuentes del Ministerio de Justicia aseguran que, de las 1.793 fosas comunes documentadas en España, restos humanos procedentes de 511 de ellas fueron trasladados desde distinos puntos de España al Valle de los Caídos. De esas fosas, 45 se hallaban en Madrid, entre otros lugares en Colmenar Viejo y San Lorenzo de El Escorial. El ministerio incluyó la fosa de Paracuellos del Jarama, pero no ha recibido información ni dato alguno de ella de ninguna asociación.

La noticia en otros webs

La ‘quinta columna’ confeccionó durante tres años listas de republicanos

Trazar el mapa donde desaparecieron los detenidos en Madrid por supuestos motivos políticos al comienzo de la posguerra civil implica seguir una senda erizada de dificultades. Muy pocos se han atrevido a adentrarse por ella. Sin embargo, Antonio Ortiz, licenciado en Historia Contemporánea y doctorando de la Universidad Nacional de Enseñanza a Distancia (UNED), ha sorteado los obstáculos y acometido tal tarea. En ella ha consumido casi dos años. Para realizarla, cotejó la información de prensa escrita de la época sobre detenidos republicanos (un millar de citas) y su reflejo en la lista oficial de fusilados en el cementerio del Este a partir del 30 de marzo de 1939, fecha de la entrada de las tropas de Franco en Madrid.”Me propuse completar las biografías de los 2.663 fusilados que figuran como tales en la lista nominal del cementerio”, explica el historiador Antonio Ortiz, también diplomado en Estudios Avanzados por el Departamento de Historia Contemporánea de UNED y técnico municipal de IU. “Obtuve la relación oficial publicada en la prensa, en la que a los detenidos políticos se les tildaba de ‘asesinos’ y ‘ladrones’; de ellos se decía que habían pasado a comisarías. Entonces”, añade Ortiz, “cuando acudí a la lista del cementerio y la contrasté con las difundida por Abc y otros periódicos, vi que, de 1.000 casos de detenidos, sólo un 15% figuraba en la relación del cementerio. Y si no habían sido fusilados, ¿dónde fue a parar el 85% restante de aquéllos que las notas de prensa oficiales motejaban como ‘ejemplos de maldad y a los que se atribuía haber asesinado y robado a condes, sacerdotes y monjas’, cargos estos gravísimos en una posguerra recién inaugurada?”, pregunta.

Ello le lleva a presumir la existencia de un agujero negro donde se pierde el rastro -ya sea en comisarías, en campos de concentración, cuarteles, sedes de Falange o prisiones- de un 85% del millar de casos que hasta ahora ha conseguido documentar. Aplicando igual proceder a las cárceles, dada la inexistencia de estudios sobre éstas (a excepción de un informe sobre la cárcel de Ventas -en el que coincide casi el número de fusilamientos y del de fallecimientos por todas las causas-), Antonio Ortiz estima que se ejecutaron unos 2.000 fusilamientos o se produjeron desapariciones en prisión no registrados en el cementerio del Este. Galeazzo Ciano, ministro de Mussolini, aseguró que en Madrid en las primeras fechas de la posguerra se fusilaba a 250 personas al día.

“Cuando se daba noticia de detenciones, la información publicada en prensa, sobre todo en Abc, acostumbraba a titular que habían sido capturados ‘asesinos con móviles de robo’, para encubrir el carácter político de la represión”, afirma. Sus nombres eran difundidos en requisitorias oficiales, bien policiales, militares o judiciales. Todos los diarios las publicaban junto con las informaciones sobre delitos comunes habituales.

“Las fuerzas ocupantes de Madrid contaban con listas de aquellas personas supuestamente combatientes o simpatizantes del bando republicano. Las relaciones habían sido pacientemente elaboradas desde 1936, al comienzo de la Guerra Civil, por la llamada quinta columna”, explica el historiador, que cita unas declaraciones publicadas a primeros de abril de 1939 por el diario Abc del coronel José Ungría, jefe del servicio de Información Militar de Franco. “Desde los primeros momentos de la ocupación de Madrid, aquellos mismos listados se hallaban ya en poder de militares, policías, guardias civiles y jueces castrenses, así como en los puestos de control establecidos en comedores públicos, centros de detención, campos de concentración, comisarías, juntas de clasificación-depuración y oficinas de Falange”, subraya.

“Antes que nada es preciso fijar los lugares en los cuales se generaban las desapariciones”, explica el historiador. Así, una primera y decisiva medida represora fue, ya el 1 de abril de 1939, el tendido de una prieta red de hasta ocho puestos de control establecidos en los principales accesos de Madrid para impedir la huida o reagrupación de los vencidos. El puesto número 1 se hallaba en Puerta de Hierro; el 2, el puente del Rey, y los siguientes en Princesa, Puentes de Toledo y de Vallecas, así como en Ventas, Chamartín y Fuencarral. En estos focos, que componían un cerco, se registraban las primeras detenciones y de ellos arrancaban los traslados de multitud de personas atemorizadas que trataban de escapar, incluso algunas de ellas vestidas aún con los uniformes de combate, como han contado testigos consultados por Antonio Ortiz. No siempre los traslados culminaban con la entrega de los detenidos a los centros de detención. En ocasiones, la mera denuncia airada de un convecino era causa del asesinato sobre el terreno del recién capturado. El número de estos casos, en la situación de una ciudad recién tomada militarmente, resulta imposible de determinar.

“Otro de los lugares donde se producían los apresamientos de los que derivarían las desapariciones eran los comedores del llamado Auxilio Social”, añade en su estudio el historiador. Eran nueve establecimientos para quienes contaban con cartillas de abastecimiento. “La razón era sencilla: a los comedores los huidos debían acudir obligadamente si no querían morir de hambre, dadas las penurias y condiciones de la ocupación militar”. Existían además comedores para evacuados sin cartilla, según su procedencia: “Manchegos y murcianos, en la plaza de San Martín, 1; gallegos en Fuencarral, 93; aragoneses en el número 103 de la misma vía pública; en la plaza de Salamanca, navarros y riojanos; asturianos y santanderinos debían acudir a la Carrera de San Jerónimo; andaluces, a Mesón de Paredes; catalanes y valencianos en la calle de Toledo, 61; los extremeños en Plaza de la Cebada; castellanos en Preciados; vascongados (sic) en Gaztambide, 13 y los extranjeros en Puente de Vallecas, 36″.

Las Juntas de Clasificación y Depuración de funcionarios tenían ámbito territorial y operaban en 12 distritos de Madrid. Otras juntas eran gremiales, según las profesiones de los detenidos a “clasificar y depurar”: así, los dibujantes y fijadores de carteles debían acudir a Jorge Juan, 2 para su control; los funcionarios de Justicia, a San Bernardo, 17…

Según una orden del Gobernador general de Madrid, general Espinosa de los Monteros, luego embajador ante Hitler, “todos los que prestaron servicio en primera línea deberán presentarse con toda urgencia en los campos de concentración”, abiertos en Madrid para su clasificación. El mismo día 1 de abril ya habían sido concentrados en ellos 20.000 milicianos”, escribe Ortiz en su tesis, citando al diario Abc del 2 de abril de 1939. Según el historiador Javier Rodrigo, los campos estaban situados en los estadios del Rayo Vallecano y Metropolitano, en el Cuartel de la Montaña, Pinar de Chamartín, plaza de toros de Las Ventas y en los cuarteles de Guzmán el Bueno y El Pardo. Hubo asimismo un llamado depósito de prisioneros en el grupo escolar Miguel de Unamuno, en la calle de Batalla del Salado, que permaneció abierto hasta 1942 mientras los anteriores duraron desde abril hasta el fin de 1939.

Ángel Suárez y el Equipo 36 de investigadores publicó en la editorial Ruedo Ibérico, en 1976 en Francia, un informe donde relataba: “En el campo de concentración del Metropolitano, donde estaban reagrupados los detenidos republicanos, se presentaban comisiones de ciudades, pueblos y barrios. Estas partidas iban allí a escoger sus presos, a seleccionar a los que se iban a llevar para acabar con ellos en el escenario en el que (supuestamente) habían desarrollado sus actividades políticas (ellos, sus padres o sus abuelos) o bien para eliminarlos por el camino si éste era largo y en la camioneta (que traían) había poco sitio o no se podían aguantar las ganas hasta llegar allí”. Detenciones, torturas, muertes y desapariciones se produjeron también en muchas de las 12 comisarías de distrito, entre ellas la de Vallecas, donde el entonces panadero, y luego dirigente comunista Simón Sánchez Montero, fue torturado, como muchos otros, por el comisario Roberto Conesa, según recogen los periodistas Fernando Jáuregui y Pedro Vega en su Crónica del antifranquismo. Algo parecido sucedía en muchos de los ocho cuarteles de la Guardia Civil distribuidos entre Peñagrande y Vallecas. “A todo ello había que añadir las 10 delegaciones de distrito de Falange”.

Además, centros de detención y tortura donde se registraron estadías de detenidos posteriormente desaparecidos fueron las comisarías de Serrano, Fomento y, sobre todo, la de Almagro; la de Policía Militar de Núñez de Balboa, 31; un secadero de pieles de Fuencarral, y los Servicios de Información de Falange.

Madrid tenía en aquellas fechas iniciales seis prisiones de mujeres y más del doble masculinas. El recorrido de muchas de las víctimas que no habían muerto en los centros de detención culminaba en los cementerios. Eran 13, desde el del Este, en cuyas tapias murieron fusiladas miles de personas, hasta los de Villaverde, Carabanchel Alto y Bajo, Vallecas, El Pardo, Fuencarral, Aravaca, Barajas, Canillas y Canillejas. En su estudio de doctorado, Ortiz señala que “no sólo se fusilaba en los cementerios, sino también en la propia cárcel y a garrote vil”, como ha revelado Marcos Ana en su libro Decidme cómo es un árbol, al que el historiador cita en varias ocasiones.

Crímenes en el asedio

Las autoridades franquistas difundieron durante 39 años los crímenes cometidos en el bando republicano durante la Guerra Civil. De 3.000 a 10.000 personas (2.500 en Paracuellos del Jarama, según Edward Malefakis) entre falangistas, aristócratas, terratenientes, religiosos de ambos sexos y militares monárquicos por el mero hecho de serlo, o bien ciudadanos sospechosos de militancia contra la República, fueron detenidos arbitrariamente. En muchas ocasiones fueron asesinados por partidas armadas fuera del control policial. El descontrol arreció tras la matanza de 1.800 republicanos en la plaza de toros de Badajoz y tras el cerco de los militares rebeldes que, desde la Casa de Campo, bombardeaban Madrid y alardeaban por radio de contar con una quinta columna clandestina que combatía a su favor. Una obsesiva caza del supuesto quintacolumnista acentuó los crímenes, que el Gobierno legítimo de la República, refugiado en Valencia, pudo atajar una vez reorganizada la Policía y creado un Ejército Popular.

En el bando franquista se ajustició a los denunciados por tales crímenes. Los asesinatos y desapariciones en la posguerra madrileña permanecen impunes.

Fuente: El País

“La Guerra Civil en Asturias la hicieron los obreros”

“La Guerra Civil en Asturias la hicieron los obreros”

La asociación Todos los nombres recopila los nombres de 20.500 víctimas de la represión franquista en Asturias

Foto de archivo de una fosa común en Villamediana, Palencia. MÓNICA PATXOT

HENRIQUE MARIÑO – Madrid – 06/03/2010 21:30


“No se trataba de un ejército regular sino de grupos de obreros que salieron a morir sólo para luchar por la legalidad vigente. Murieron en combate pero no llegaron a ser soldados”. Luis Miguel Cuervo hace el recuento de las víctimas de la represión franquista en su tierra y le salen unas 35.000 personas. De ellas, 20.500 ya están recogidas en Todos los nombres de Asturias, un proyecto surgido hace tres años que pretende recuperar las identidades de los  represaliados por el Franquismo, pero también de los caídos en la lucha que cita al principio.

Un mero repaso de los nombres desvela precisamente que muchos fallecieron en combate, pero Cuervo insiste en que son tan víctimas como los paseados, los ajusticiados o los que dieron su último haliento entre rejas. “La Guerra Civil en Asturias la hicieron los obreros”, asegura el presidente de la asociación homónima responsable de la recogida de los datos, que en su día se personó como acusación particular en la causa del juez Baltasar Garzón contra el franquismo por crímenes contra la humanidad.

La iniciativa —que se ha extendido a otras comunidades como Andalucía o Galicia, con su trabajo Voces e Nomes— recopila sus nombres y apellidos, edad, estado civil, profesión, nombre de los padres, lugar de nacimiento y residencia, fecha de la defunción y causa de la muerte. “La web nació con 5.000 nombres y ahora llevamos más de 20.000″, explica Cuervo, aunque todavía faltan por añadir los de muchas víctimas, así como completar las fichas existentes. “En total, al margen de las cifras recogidas, calculamos que en total hubo más de 17.000 muertos en combate, 4.000 ajusticiados despues de ser sometidos a la farsa de los juicios franquistas (consejos de guerra, agarrotados o fusilados) y 12.000 paseados. Además, otras 2.000 personas perecieron por sus malas condiciones de vida en campos de trabajo, cárceles y batallones de trabajadores”.

- Empezaron con 5.000 nombres y enviaron unos 17.500 a Garzón. ¿Cuántos esperan recopilar?

- Ahora tenemos 20.500, aunque nacimos con 5.000. Nos falta muchísimo, porque calculamos que hubo 35.000 víctimas. Hablamos de gente muerta en Asturias (nacida aquí o fuera) y de asturianos muertos en otras regiones españolas y en el extranjero.

- Al contrario que el estudio realizado en Galicia, que sólo recoge a los represaliados, ustedes incluyen a los muertos en combate.

- En Galicia no hubo Guerra Civil. En Asturias, sí, y duró 15 meses. Los órganos de poder y el Ejército quedaron en manos de los sublevados. Entonces hubo muchos obreros que salieron a defender a la República y murieron. Les hicieron frente, pero no eran militares sino milicias populares que defendían la legalidad vigente. No sería justo dejar fuera a la gente normal, que estaba en su casa tan tranquila y decidió proteger el régimen establecido.

- ¿Cómo se vivió el alzamiento nacional?

- Asturias tuvo que soportar una invasión desde Galicia y desde León. Fue parada por grupos de obreros, que sitiaron Oviedo, donde estaba concentrado el Ejército, y los cuarteles militares de Gijón. Los obreros hicieron un cerco en la capital durante 15 meses y conquistaron los cuarteles de Gijón, hasta que Franco se hizo con el poder. Pero nuestro estudio no se queda en esa época: llega a la Segunda Guerra Mundial y abarca a los que fallecieron en los campos de concentración nazis.

- Entre las víctimas en combate, además de los obreros, ¿no hubo militares?

- Los fieles a la República serían un puñado, unas pocas docenas. Más que nada, unos 150 guardias de asalto de Gijón y unos 250 carabineros que estaban por la zona de la costa, que fue fiel a la Republica. Y algunos comprometidos con ella, claro.

- ¿Tienen cifras de los desaparecidos?

- Hay dos tipos. Por una parte, los paseados, asesinados y enterrados en fosas comunes. Son unos 7.000 y, sólo en Gijón, hay 2.000 personas en una única fosa común; en la del cementerio de Oviedo, 1.400; en la de Turón (Mieres), 500; en Grado, 500, y luego hay cientos de ellas en Asturias. Por otra, habría que añadir que, cuando se desmorona el frente de Asturias, pasan por las armas a cientos de milicianos en las trincheras, que son tapados con tierra allí mismo. Las trincheras se van utilizando a lo largo de la represión franquista como fosas comunes. Se aprovechan para no tener que cavar.

- ¿Cómo surgió el proyecto, el primero en España, según ustedes?

- Empecé buscando datos familiares hace bastantes años. Cada vez que encontraba con algún fallecido, cogí la costumbre de apuntarlo. Cuando me di cuenta, tenía cientos de informaciones de personas fallecidas. La denominación Todos los nombres se va extendiendo y, ahora mismo, hay iniciativas similares en Andalucía, Valladolid, Galicia, Catalunya… Tenemos socios en toda España, alrededor de un centenar, así como una delegación en Francia, compuesta en su mayoría por descendientes de asturianos.

- ¿Cuándo darán por terminado su trabajo?

- Falta la última fase, cuando las familias completan la base de datos. Por ejemplo, una persona entra en la web, ve que en la ficha de su abuelo no consta el sitio donde nació y nos manda todo lo que falta. Nos está escribiendo bastante gente y, cuando lo completemos dentro de unos meses, publicaremos el listado en papel. Editaremos un libro a precio de coste para que pueda ser consultado por la gente mayor que no accede a Internet.

Fuente: Público.

Recuerdo a la Bolsa de Bielsa en Francia

La Bolsa de Bielsa fue el último de los episodios bélicos entre el ejército golpista del general Franco y el ejército republicano en el frente de Aragón, simbolizando la tenaz resistencia republicana. Mientras en el Pirineo aragonés aún se rinde homenaje a los golpistas que sumieron a España en la dictadura más vergonzante, al otro lado de los pirineos, en el pueblo francés de Saint Lary Soulan, se recuerda a los verdaderos héroes españoles que resistieron hasta el último momento defendiendo el orden constitucional.

bolsa de bielsa

Una vez finalizada la guerra, a los habitantes del alto Aragón les esperó una dura posguerra. Unos huyeron a Francia terminando en campos de concentración nazis, otros optaron por quedarse en la España franquista enfrentándose a  la reconstrucción de sus pueblos y sus vidas, en un contexto de pobreza y miseria, de implacable represión por parte de los vencedores, teniendo que asumir nuevos valores y costumbres bajo la dictadura militar.

Fuente: Madrid Progresista.